El dolor de cadera no es solo una molestia, es una señal. Un aviso de que algo en una de las articulaciones más importantes de su cuerpo no está funcionando como debería. Puede empezar como algo leve, pero a menudo se convierte en una barrera que le impide realizar actividades tan sencillas como caminar, subir escaleras o incluso dormir de lado. Entender qué lo provoca es el primer paso para recuperar su calidad de vida.
¿Por qué me duele la cadera? Más allá de la edad y el desgaste
Cuando hablamos de dolor de cadera, muchos piensan automáticamente en personas mayores y en el desgaste natural de la articulación. Y aunque la artrosis es una causa frecuente, la realidad es mucho más compleja. Este dolor no discrimina por edad.
Las causas del dolor de caderas varían enormemente dependiendo del perfil de cada persona:
- Adultos mayores: En este grupo, la causa más prevalente suele ser el desgaste progresivo del cartílago, conocido como artrosis.
- Deportistas y adultos jóvenes: En este perfil, las lesiones por sobrecarga, los pinzamientos articulares (choque femoroacetabular) o las lesiones de tejidos blandos como el labrum son más comunes.
- Cualquier persona, a cualquier edad: En ocasiones, el dolor de cadera no se origina en la propia articulación. Puede ser un síntoma de enfermedades inflamatorias sistémicas o, con frecuencia, un dolor referido cuyo origen se encuentra en la columna lumbar.
Un problema más común de lo que parece
No está solo en esto. El dolor crónico, y en particular el de cadera, es un problema de salud pública de primer orden. Los datos lo confirman.
Según el 'Barómetro del dolor crónico en España 2022', un 25,9% de la población adulta española sufre dolor crónico. Esto se traduce en más de 9 millones de personas lidiando con un dolor constante. Además, las mujeres lo padecen en mayor proporción (30,5%) que los hombres (21,3%).
Estas cifras no son solo estadísticas; representan vidas limitadas por el dolor. Por ello es tan importante no normalizarlo y buscar un diagnóstico preciso. Si desea profundizar en estos datos, puede consultar el estudio en la web de la Fundación Grünenthal.
La cadera: una obra maestra de la ingeniería biomecánica
Para entender por qué duele, primero hay que comprender cómo funciona. La cadera es una de las articulaciones más potentes y estables del cuerpo. Es una articulación esférica (técnicamente, una enartrosis) donde la cabeza del fémur encaja con precisión en el acetábulo, una cavidad en la pelvis.
Está diseñada para soportar nuestro peso y, al mismo tiempo, permitirnos una increíble libertad de movimiento. Pero este diseño tan sofisticado depende de que todos sus componentes —hueso, cartílago, músculos, tendones y ligamentos— trabajen en armonía.
Cuando cualquiera de estas piezas falla, aparece el dolor. Por eso, para un especialista, los detalles son fundamentales: saber dónde le duele exactamente, qué intensidad tiene, qué movimientos lo empeoran y qué le proporciona alivio. Esa información es la clave para descifrar el mensaje que su cuerpo le está enviando y trazar un plan de acción.
Cuando el dolor de cadera se instala de forma progresiva, sin un traumatismo que lo justifique, es probable que estemos ante un problema de origen mecánico o degenerativo. Son las causas más habituales, ligadas al uso, al paso del tiempo y a la propia biomecánica de la articulación. Actúan de forma silenciosa, desgastando las estructuras hasta que los síntomas se manifiestan.
La cadera funciona como un engranaje de alta precisión. Para que opere sin fricción ni problemas, todas sus piezas deben estar en perfecto estado y moverse en armonía. Pero, ¿qué ocurre cuando uno de esos componentes empieza a fallar? Es en ese punto donde aparecen las patologías mecánicas.
Este mapa conceptual nos ayuda a entender cómo distintos factores, como la edad, una lesión antigua o procesos inflamatorios, pueden acabar manifestándose como dolor en la cadera.

La imagen nos recuerda algo clave: el dolor es una experiencia compleja que el cerebro interpreta a partir de múltiples señales, y no siempre provienen de un único punto.
Artrosis de cadera: el desgaste progresivo
La artrosis es la causa degenerativa más conocida. Para entenderla, podemos usar una analogía: el cartílago que recubre los huesos de la cadera (la cabeza del fémur y el acetábulo) es como la suela de un zapato de alta calidad. Con los años y el uso, esa suela se va gastando, pierde grosor y deja de amortiguar cada paso como antes.
En la cadera ocurre un proceso similar. El cartílago articular, ese tejido liso y elástico, se deteriora progresivamente. Al perderse esa capa protectora, el hueso subcondral queda más expuesto, lo que provoca que los huesos rocen entre sí al moverse.
Este roce directo entre los huesos es el que genera los síntomas típicos de la artrosis: un dolor profundo, casi siempre localizado en la ingle, rigidez (sobre todo por las mañanas o después de estar un rato quieto) y una pérdida gradual de la movilidad.
La artrosis es una patología relevante. En España, tiene una prevalencia del 5,13 % y supone un coste anual importante para el sistema sanitario, con una media de 1.502 euros por paciente. Afortunadamente, en los casos más avanzados, la artroplastia total de cadera es una cirugía con una alta tasa de éxito, que mejora el dolor y la función en más del 90 % de los pacientes. Puede conocer más sobre el impacto de esta patología en este estudio detallado sobre la situación de la artrosis en España.
Bursitis trocantérea: la inflamación externa
No todo el dolor en la zona de la cadera proviene del interior de la articulación. Una causa mecánica muy frecuente es la bursitis trocantérea, que provoca un dolor agudo y muy localizado en la parte lateral y externa de la cadera.
Las bursas son pequeños sacos llenos de líquido sinovial repartidos por el cuerpo. Actúan como cojines entre los huesos y los tendones para reducir la fricción. Alrededor de la cadera tenemos varias, pero la que se inflama con más frecuencia es la que está sobre el trocánter mayor, la protuberancia ósea palpable en el lateral del muslo.
Esta inflamación puede aparecer por varias razones:
- Movimientos repetitivos que irritan la bursa, como correr o subir escaleras de forma continua.
- Una lesión directa, como una caída de lado.
- Problemas biomecánicos, como dismetrías en las extremidades inferiores o debilidad en los músculos glúteos.
El dolor de la bursitis empeora al tumbarse sobre ese lado, al levantarse de una silla o al subir escaleras. A diferencia de la artrosis, no suele limitar el movimiento intrínseco de la propia articulación.
Para aclarar dudas, ya que a menudo se confunden, aquí tiene una tabla que le ayudará a distinguir dos de las causas más frecuentes de dolor en esta zona.
Diferencias clave entre artrosis y bursitis de cadera
| Característica | Artrosis de cadera | Bursitis trocantérea |
|---|---|---|
| Localización del dolor | Profundo, en la zona de la ingle, a veces irradiado hacia el muslo. | Lateral y externo, justo sobre el hueso del costado de la cadera. |
| Síntomas principales | Rigidez matutina, pérdida de movilidad, dolor que empeora con la carga. | Dolor agudo al presionar la zona, al tumbarse de lado o al subir escaleras. |
| Factores que lo agravan | Actividad física prolongada (caminar, correr), estar mucho tiempo de pie. | Presión directa (dormir de lado), movimientos de abducción repetitivos. |
Como puede ver, aunque ambas afectan a la cadera, la localización y el tipo de molestia son pistas muy claras para orientar el diagnóstico.
Pinzamiento femoroacetabular: el choque óseo
El pinzamiento femoroacetabular (PFA), también conocido como "choque de cadera", es una de las principales causas de dolor de cadera en personas jóvenes y activas, especialmente deportistas. Es un problema morfológico, una alteración anatómica en la cabeza del fémur o en el acetábulo que provoca un contacto anormal entre los huesos durante el movimiento.
Imagine que la cabeza femoral no es perfectamente esférica o que el acetábulo la cubre en exceso. Al realizar movimientos amplios, como una sentadilla profunda o una flexión máxima de la cadera, los huesos chocan.
Este choque repetido puede dañar estructuras vitales dentro de la articulación, como el labrum (un anillo de fibrocartílago que aporta estabilidad) y el propio cartílago. De hecho, un PFA no tratado es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar artrosis de forma prematura. El dolor se suele sentir en la ingle y se describe como agudo y punzante, sobre todo con movimientos de flexión y rotación de la cadera.
Cuando el dolor de cadera no avisa: causas inflamatorias y traumáticas
No todo dolor de cadera es el resultado de un desgaste lento y predecible. A veces, el problema irrumpe de forma mucho más directa y contundente, ya sea por una reacción de nuestro propio sistema inmunitario o por un traumatismo.
En estos escenarios, no estamos hablando de un deterioro progresivo, sino de una inflamación aguda o de una lesión que compromete súbitamente la integridad de la articulación. Es fundamental conocer estas otras causas para no pasar por alto diagnósticos que necesitan una atención muy específica y, en ocasiones, inmediata.

Artritis inflamatoria: un ataque desde dentro
A diferencia de la artrosis, que es un problema de "desgaste mecánico", hay enfermedades en las que el sistema inmunitario ataca por error los tejidos sanos de la articulación. La artritis reumatoide es el ejemplo más claro de este proceso autoinmune.
En estas patologías, el sistema de defensa del cuerpo identifica el revestimiento de la cadera (la membrana sinovial) como un agente extraño. El resultado es una inflamación crónica que no solo provoca dolor y rigidez, sino que puede llegar a destruir el cartílago y el hueso.
El dolor de origen inflamatorio tiene unas características distintivas:
- Es un dolor que, paradójicamente, mejora con la actividad moderada y empeora tras un reposo prolongado.
- La rigidez matutina es muy intensa y puede durar más de una hora.
- Con frecuencia, afecta a otras articulaciones del cuerpo de manera simétrica.
Fracturas de cadera: una urgencia médica
Una caída, sobre todo en personas mayores con huesos debilitados por la osteoporosis, puede tener consecuencias muy serias. La fractura de cadera es una de las lesiones traumáticas más graves y se considera una urgencia médica que, en la gran mayoría de los casos, requiere una intervención quirúrgica.
El impacto de esta lesión en España es enorme. Solo en 2020, se registraron 64.192 hospitalizaciones por fractura de cadera, con una mortalidad hospitalaria del 5,3%. Además, el 98% de estos pacientes necesita tratamiento quirúrgico. Aunque la recuperación ha mejorado mucho, es un evento que puede cambiar radicalmente la vida de una persona. Puede ver más datos en el Registro Nacional de Fracturas de Cadera.
Una fractura de cadera se manifiesta con un dolor agudo e incapacitante, la imposibilidad total de mover la pierna o apoyar peso y, a menudo, una deformidad visible en la extremidad.
Necrosis avascular: cuando el hueso "muere"
Otra causa importante, aunque menos común, es la necrosis avascular u osteonecrosis. En esta patología, se interrumpe el suministro de sangre a la cabeza del fémur. Sin un flujo sanguíneo adecuado, las células óseas mueren, lo que debilita el hueso, puede provocar su colapso y desencadenar una artrosis severa y de rápida evolución.
Este proceso es análogo al de una planta que deja de recibir agua: con el tiempo, se seca y se vuelve quebradiza. Aunque puede producirse por un traumatismo, también se asocia al consumo prolongado de corticoides o al abuso del alcohol.
Dolor referido: el origen está en otro lugar
A veces, el dolor que se siente en la cadera no se origina realmente ahí. Este fenómeno se llama dolor referido. El problema real puede estar en otro sitio, pero su cerebro interpreta la señal de dolor como si proviniera de la cadera.
La causa más habitual de dolor referido a la cadera es un problema en la columna lumbar. Una hernia de disco o la compresión de una raíz nerviosa (como en la ciática) pueden manifestarse con un dolor que se irradia hacia la nalga, el lateral de la cadera o la ingle.
Saber identificar un dolor referido es clave para evitar tratamientos ineficaces. Un profesional sabrá diferenciarlo con una exploración física minuciosa, evaluando tanto la cadera como la espalda para encontrar el verdadero origen del problema y aplicar la solución correcta.
El proceso para un diagnóstico médico preciso
Llegar a la raíz del dolor de cadera es un proceso metódico. Un diagnóstico correcto es la piedra angular sobre la que se construye cualquier tratamiento exitoso, y entender cómo un profesional llega a él le dará tranquilidad y le convertirá en un participante activo en su propia recuperación.
El objetivo no es solo etiquetar el problema, sino comprender por qué ha aparecido y qué estructuras están implicadas. Este proceso se divide en pasos lógicos, donde cada fase aporta piezas clave para resolver el puzle de sus síntomas.
El punto de partida: la historia clínica
Todo empieza con una conversación. Antes de cualquier exploración física o prueba de imagen, su médico necesita escucharle. Esta primera fase, conocida como anamnesis o historia clínica, es fundamental. Se estima que alrededor del 80% de los diagnósticos pueden orientarse correctamente solo con la información que usted proporciona.
Prepárese para responder preguntas detalladas, porque cada respuesta es una pista valiosa:
- ¿Dónde le duele exactamente? No es lo mismo un dolor en la ingle (que sugiere un problema intraarticular) que en el lateral (más típico de una bursitis o tendinopatía glútea).
- ¿Cómo y cuándo empezó el dolor? ¿Fue súbito tras un golpe o ha aparecido progresivamente a lo largo de meses?
- ¿Cómo describiría el dolor? ¿Es agudo y punzante, sordo y constante, o una sensación de quemazón que se irradia?
- ¿Hay algo que lo mejore o lo empeore? ¿Aumenta al caminar, al estar sentado mucho tiempo, o por el contrario mejora con el movimiento?
- ¿Afecta a su día a día? ¿Le impide dormir, atarse los zapatos o realizar alguna actividad que antes disfrutaba?
La historia clínica no es un mero formalismo. Es el momento en que el especialista empieza a construir un mapa mental de las posibles causas de su dolor de caderas, descartando unas y dando prioridad a otras basándose en su relato.
La exploración física: ver más allá de los síntomas
Una vez obtenida la historia clínica, llega el momento de la exploración física. Aquí es donde el especialista evalúa directamente su cadera. No se trata solo de palpar donde duele, sino de valorar de forma sistemática la función de toda la articulación y las estructuras adyacentes.
Esta evaluación suele incluir varias maniobras clave:
- Observación de la marcha: Su forma de caminar ofrece mucha información. Un especialista puede detectar cojeras sutiles o patrones de movimiento anómalos que indican debilidad muscular o un intento inconsciente de evitar el dolor.
- Palpación: Se buscan puntos específicos de dolor presionando sobre estructuras óseas, tendones y músculos alrededor de la cadera. Esto ayuda a localizar con precisión la estructura afectada.
- Evaluación del rango de movimiento: Se mide la capacidad de su cadera para moverse en todas las direcciones (flexión, extensión, rotación…), tanto de forma activa (movimiento propio) como pasiva (movimiento guiado por el explorador). Una limitación en ciertos movimientos orienta de forma clara hacia patologías concretas.
Pruebas de imagen: cuando necesitamos ver el interior
Aunque la historia clínica y la exploración física son cruciales, a menudo se necesitan pruebas de imagen para confirmar una sospecha diagnóstica o para evaluar con exactitud el alcance de la lesión. Cada prueba ofrece una visión diferente y se elige en función de lo que se necesita investigar.
| Tipo de prueba de imagen | Qué permite visualizar | Ideal para diagnosticar |
|---|---|---|
| Radiografía (Rayos X) | Principalmente las estructuras óseas. | Artrosis (desgaste del cartílago), fracturas, pinzamiento femoroacetabular, displasia. |
| Ecografía | Tejidos blandos en tiempo real y en movimiento. | Bursitis, tendinitis, desgarros musculares. Es muy útil para guiar infiltraciones. |
| Resonancia Magnética | Detalle de alta resolución de todos los tejidos. | Lesiones de labrum, necrosis avascular, edema óseo, problemas de cartílago. |
| TAC o Escáner | Imágenes detalladas de los huesos en 3D. | Fracturas complejas, planificación prequirúrgica de deformidades óseas. |
Comprender este proceso diagnóstico es vital. Le permite saber qué esperar en cada consulta y le ayuda a proporcionar la información más relevante a su médico. Un diagnóstico preciso no es el final del camino, sino el comienzo de un plan de tratamiento bien dirigido y eficaz para aliviar las causas de su dolor de caderas.
Señales de alarma: cuándo ir a urgencias por un dolor de cadera
Aunque la mayoría de los dolores de cadera se pueden gestionar de forma programada con un plan de tratamiento, hay situaciones en las que el tiempo de reacción es crucial. Saber distinguir una molestia de una emergencia médica es fundamental para proteger su salud articular.
Existen ciertas señales, denominadas "banderas rojas", que nunca deben ser ignoradas. Estas alarmas indican que podría estar ocurriendo algo grave, como una fractura, una luxación o una infección articular. Ante cualquiera de estos síntomas, la recomendación es una: busque atención médica urgente. Reaccionar rápido es clave para una recuperación más efectiva.

Síntomas que requieren una visita inmediata a urgencias
Preste mucha atención si experimenta alguno de los siguientes síntomas, sobre todo si ocurren tras una caída o un golpe.
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Incapacidad total para mover la pierna o apoyar peso: Si después de un traumatismo le es imposible no solo caminar, sino simplemente ponerse de pie o mover la pierna, es el signo más claro de una posible fractura de cadera.
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Deformidad visible en la articulación: Si nota que una pierna parece más corta que la otra o que está girada de forma anómala (hacia dentro o hacia fuera), es un indicador muy fiable de una luxación o una fractura con desplazamiento.
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Dolor súbito, agudo e insoportable: Un dolor que aparece de forma repentina con una intensidad extrema requiere una valoración inmediata.
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Fiebre alta junto a enrojecimiento y calor en la cadera: Esta combinación de dolor articular con síntomas sistémicos como fiebre o escalofríos es una señal de alerta de una posible artritis séptica. Se trata de una infección grave dentro de la articulación que necesita tratamiento antibiótico urgente para evitar un daño irreversible en el cartílago.
No subestime estas señales. Intentar "aguantar el dolor" en estas situaciones puede empeorar drásticamente el pronóstico. Por ejemplo, una fractura no tratada a tiempo puede derivar en complicaciones como una necrosis avascular.
Guía rápida de actuación ante el dolor de cadera
Saber reconocer los síntomas es tan importante como saber qué hacer. Esta tabla le ayudará a decidir si puede pedir cita con su médico o si, por el contrario, debe dirigirse a un servicio de urgencias.
| Síntoma | Acción recomendada | Posible causa subyacente |
|---|---|---|
| Dolor agudo tras una caída, imposibilidad para caminar. | Acudir a urgencias inmediatamente. | Fractura o luxación de cadera. |
| Dolor en la cadera con fiebre alta y enrojecimiento. | Acudir a urgencias inmediatamente. | Infección articular (artritis séptica). |
| Dolor que empeora gradualmente durante semanas. | Pedir cita con su médico o traumatólogo. | Artrosis, bursitis, tendinitis. |
| Dolor agudo en la ingle durante la práctica deportiva. | Reposo y pedir cita con un especialista. | Lesión de labrum, pinzamiento femoroacetabular. |
La clave está en escuchar a su cuerpo. Un dolor que aparece poco a poco y es manejable le da margen para consultar a un especialista de forma programada. Sin embargo, un dolor incapacitante y repentino, especialmente si está ligado a un traumatismo o a signos de infección, es una señal clara de que necesita ayuda médica sin demora.
Opciones de tratamiento: ¿qué camino seguir?
Una vez establecido el origen del dolor de cadera, se despliega un mapa de ruta terapéutico. El principio fundamental es empezar siempre por las estrategias menos invasivas. La cirugía se reserva para aquellos casos en los que los tratamientos conservadores no han resultado suficientes.
El objetivo inicial es doble: controlar el dolor y la inflamación, y a la vez, corregir los desequilibrios biomecánicos de la articulación para que el problema no progrese. Para ello, se combinan diferentes herramientas, siempre adaptadas al diagnóstico y a las características del paciente.
La fisioterapia: el pilar de la recuperación
La fisioterapia es un tratamiento médico de primera línea y una de las intervenciones más eficaces contra muchas de las causas de dolor de caderas. Su papel para devolver el equilibrio funcional a la articulación es crucial.
Un buen programa de fisioterapia se centra en varios frentes:
- Fortalecer los músculos clave: Una musculatura débil, sobre todo en los glúteos y el psoas, obliga a la cadera a trabajar de forma ineficiente. Reforzarlos crea un "corsé" muscular natural que estabiliza y descarga la articulación.
- Mejorar la flexibilidad: La rigidez en los músculos que rodean la cadera limita el movimiento y puede empeorar el dolor. Con estiramientos específicos se recupera un movimiento más fluido.
- Reeducación de la marcha: El dolor puede obligar, de forma inconsciente, a adoptar patrones de marcha anómalos para compensar. Un fisioterapeuta ayuda a corregir estos patrones para lograr un movimiento más seguro y eficiente.
Fármacos y cambios en el estilo de vida
En paralelo a la fisioterapia, existen otras herramientas para manejar los síntomas y facilitar la recuperación. El uso puntual de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como el ibuprofeno, puede ser de gran ayuda para controlar un brote agudo de dolor e inflamación, siempre bajo supervisión médica.
Además, pequeños cambios en la rutina pueden tener un gran impacto:
- Control del peso: Perder incluso unos pocos kilos reduce de forma drástica la presión sobre las caderas. Cada kilo de peso corporal se multiplica por cuatro en la carga que soporta la cadera al caminar.
- Adaptar la actividad física: Sustituir temporalmente actividades de alto impacto, como correr por asfalto, por opciones como la natación o el ciclismo, le da a la articulación el respiro que necesita para recuperarse.
Es fundamental entender que el tratamiento no es una receta universal. Es una combinación a medida de terapia manual, ejercicio terapéutico, educación y, si es necesario, medicación, trabajando en conjunto para tratar la raíz del problema.
Infiltraciones y cuándo pensar en la cirugía
Cuando la inflamación es muy persistente y localizada, como en una bursitis severa, las infiltraciones son una opción a considerar. Consisten en inyectar directamente en la zona un corticoide para reducir la inflamación, o bien sustancias como el ácido hialurónico o el plasma rico en plaquetas (PRP) para mejorar la lubricación y estimular la reparación tisular.
Sin embargo, hay situaciones en las que los tratamientos conservadores no son suficientes, sobre todo en casos de artrosis avanzada o lesiones estructurales graves. Es en este punto cuando debe valorarse una solución quirúrgica.
La decisión de operar, por ejemplo, para implantar una prótesis de cadera, nunca se toma a la ligera. Se basa en una evaluación exhaustiva del daño articular, del nivel de dolor incapacitante y del fracaso de otras opciones terapéuticas. Es una decisión conjunta entre usted y su equipo médico.
Resolvemos tus dudas más frecuentes sobre el dolor de caderas
Cuando el dolor de cadera aparece, es normal que surjan dudas sobre cómo manejar el día a día. A continuación, damos respuesta a las preguntas más habituales en la consulta, de forma clara y basada en la evidencia científica.
Tengo dolor de cadera, ¿caminar es bueno o malo para mí?
La respuesta depende de la causa del dolor. No hay una solución universal.
Para una artrosis leve, por ejemplo, caminar a un ritmo moderado y por terreno llano puede ser muy beneficioso. Ayuda a mantener la lubricación articular, fortalece los músculos que la protegen y mejora la circulación en la zona.
Sin embargo, si se encuentra en medio de un brote agudo de bursitis o sufre una lesión reciente, caminar podría intensificar la inflamación. La regla fundamental es escuchar a su cuerpo. Si caminar aumenta el dolor, ya sea durante o después, es una señal para detenerse y buscar consejo profesional.
No tome la decisión por su cuenta. Lo ideal es que un médico o fisioterapeuta le guíe. Ellos diseñarán un plan de ejercicio a su medida, asegurándose de que el movimiento sea terapéutico.
¿Si me duele la cadera significa que voy a necesitar una prótesis?
No necesariamente. Este es uno de los mayores temores de los pacientes, pero la realidad es muy distinta. La cirugía de reemplazo de cadera se reserva para casos muy concretos y avanzados.
La artroplastia total de cadera se considera cuando el daño en la articulación es severo (normalmente por una artrosis muy avanzada), el dolor es constante e incapacitante y limita de forma drástica la calidad de vida.
La inmensa mayoría de las causas de dolor de caderas se manejan eficazmente con tratamientos conservadores. La fisioterapia, los cambios en el estilo de vida y otras opciones médicas no quirúrgicas son siempre la primera línea de tratamiento.
¿El sobrepeso puede provocar o empeorar mi dolor de cadera?
Sí, de una forma muy directa. El exceso de peso es uno de los factores de riesgo modificables más influyentes, tanto en la aparición del problema como en su progresión.
Cada kilo de peso adicional se multiplica en la presión que soportan sus caderas al caminar, subir escaleras o simplemente al ponerse de pie. Esta sobrecarga constante acelera el desgaste del cartílago, puede promover un estado inflamatorio sistémico y agrava los síntomas de casi cualquier patología de cadera.
Perder peso, incluso una pequeña cantidad, es una de las intervenciones más potentes y efectivas para aliviar el dolor, recuperar la función y proteger sus articulaciones a largo plazo.
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