Plantearse una cirugía por artrosis de cadera genera dudas, y es una reacción natural. Es fundamental entender que esta intervención no representa un fracaso de otros tratamientos, sino un paso planificado y basado en criterios médicos para recuperar un bien esencial: su calidad de vida.
La decisión sobre cuándo operar la artrosis de cadera no es subjetiva. Se fundamenta en una combinación de factores clínicos objetivos: un dolor que no responde a los tratamientos conservadores, una limitación funcional significativa en las actividades diarias y, por supuesto, la evidencia radiológica del desgaste articular.
¿Cuándo deja de ser suficiente el tratamiento conservador?
Podemos entender la articulación de la cadera como un componente mecánico sometido a un desgaste progresivo. Inicialmente, las soluciones conservadoras (como la fisioterapia, la medicación o las infiltraciones) son eficaces para gestionar los síntomas y mantener la funcionalidad, de forma análoga a un mantenimiento preventivo.
Sin embargo, a medida que el daño en el cartílago avanza, llega un punto en que estas medidas ya no proporcionan un alivio sostenido ni restauran la función perdida. En esta fase, la cirugía se convierte en la indicación terapéutica más adecuada para ofrecer una solución duradera y eficaz.
Esta situación es clínicamente relevante. La artrosis de cadera tiene una prevalencia del 5,7% en la población adulta española, lo que se traduce en cerca de 1,8 millones de personas afectadas. Existe un consenso profesional de casi el 85% que establece que la decisión quirúrgica depende de la función articular del paciente, la etiología de la artrosis, el estadio de la enfermedad y la edad. Puede consultar más información sobre el impacto de la artrosis en España en este estudio de la SER.
Las señales que marcan la indicación quirúrgica
El propósito de esta guía es proporcionarle información veraz para que, junto a su especialista, pueda tomar una decisión informada sobre su salud. No se trata de tolerar el dolor hasta un límite insostenible, sino de identificar el momento clínico óptimo en el que la cirugía puede ofrecerle la máxima mejoría.
La cirugía de reemplazo de cadera no debe considerarse un fracaso terapéutico. Es la siguiente fase lógica en el plan de tratamiento cuando el objetivo principal es la supresión del dolor y la recuperación de una vida activa.
Para ello, es vital reconocer las señales que indican que el tratamiento conservador ha alcanzado su límite. Estas no son percepciones subjetivas, sino el resultado de una evaluación que combina su experiencia clínica con hallazgos diagnósticos objetivos.
Señales clave que indican la necesidad de una cirugía
La siguiente tabla resume los indicadores que sugieren que la cirugía puede ser el siguiente paso, ayudándole a identificar rápidamente los criterios más importantes.
| Criterio evaluado | Descripción clínica | Ejemplo práctico |
|---|---|---|
| Dolor refractario | Dolor persistente, de predominio mecánico o mixto, que no se controla adecuadamente con analgésicos o AINEs pautados y que interfiere con el descanso nocturno. | "El dolor me despierta por la noche y no consigo un descanso reparador. La medicación pautada ya no es suficiente". |
| Pérdida de autonomía funcional | Dificultad o incapacidad para realizar actividades de la vida diaria como calzarse, levantarse de una silla, subir escaleras o deambular distancias cortas. | "Necesito ayuda para ponerme los calcetines. Caminar hasta el supermercado, que está a 200 metros, supone un gran esfuerzo". |
| Fracaso de terapias conservadoras | Se han aplicado tratamientos como fisioterapia, farmacoterapia o infiltraciones de forma pautada y supervisada durante meses, sin obtener una mejoría clínica significativa o duradera. | "He completado un programa de fisioterapia de varios meses y he recibido dos infiltraciones. La mejoría fue transitoria y he vuelto al estado inicial". |
| Evidencia radiológica de daño severo | Las pruebas de imagen (principalmente radiografías) muestran un daño articular avanzado, como la pérdida completa del espacio articular (pinzamiento) o deformidad ósea. | El informe radiológico describe una "coxartrosis severa" con "esclerosis subcondral y osteofitosis marginal" o una "pérdida completa del espacio articular femoroacetabular". |
Reconocer uno o varios de estos signos no implica una cirugía inminente, pero es un indicador claro para tener una conversación detallada con su traumatólogo sobre las opciones quirúrgicas disponibles.
Evaluando los criterios para una cirugía de cadera
La decisión de cuándo operar una artrosis de cadera es un proceso clínico complejo. Lejos de basarse en un único factor, es el resultado de una evaluación cuidadosa que combina la sintomatología del paciente con pruebas diagnósticas objetivas. Como especialistas, analizamos una serie de indicadores clave para determinar el momento idóneo para la intervención, buscando siempre asegurar el máximo beneficio para el paciente.
Este proceso implica integrar dos piezas de información: los síntomas clínicos que usted experimenta y los criterios objetivos que podemos medir en las pruebas de imagen. La recomendación quirúrgica se establece cuando ambas piezas convergen hacia un diagnóstico de artrosis avanzada sintomática y refractaria al tratamiento conservador.
El peso de los síntomas clínicos
La experiencia del paciente es el punto de partida fundamental. La evaluación no se centra únicamente en la presencia de dolor, sino en su impacto real en la funcionalidad y la calidad de vida.
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Tipo e intensidad del dolor: Un dolor leve y ocasional raramente es indicación de cirugía. La señal de alarma clínica surge cuando el dolor se vuelve persistente, profundo y, de manera significativa, cuando aparece durante el reposo o interrumpe el sueño. El dolor nocturno es un síntoma de gran relevancia, ya que sugiere un componente inflamatorio articular que no cede con el reposo. Para cuantificar esta percepción, utilizamos escalas validadas como la Escala Visual Analógica (EVA), donde una puntuación persistentemente alta es un factor determinante.
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Limitación funcional: Más allá del dolor, es crucial cuantificar cómo la artrosis limita su autonomía. Se evalúan actividades específicas: ¿tiene dificultad para atarse los zapatos?, ¿necesita apoyo para levantarse de una silla?, ¿ha reducido la distancia de sus paseos por dolor o claudicación? Estas limitaciones se miden con cuestionarios estandarizados como la escala HOOS (Hip disability and Osteoarthritis Outcome Score), que nos proporciona una métrica objetiva del impacto de la enfermedad.
La indicación quirúrgica se consolida cuando el tratamiento conservador, aplicado de forma rigurosa durante un periodo mínimo de seis meses, no logra controlar estos síntomas. Criterios radiológicos como un ángulo de cobertura acetabular inferior a 15 grados o una protrusión femoral superior al 20%, sumados a un dolor nocturno (presente en el 70% de los candidatos a prótesis), refuerzan esta decisión. Para profundizar, puede consultar datos sobre la valoración del dolor en la artrosis en España.
Este árbol de decisión simplifica cómo se integran el dolor, la limitación funcional y los hallazgos radiológicos para orientar la decisión terapéutica.

Como puede observar, un dolor severo, una alta limitación funcional y un daño articular avanzado son los tres pilares que sostienen la recomendación de operar.
La evidencia objetiva de las radiografías
La clínica del paciente es crucial, pero debe ser corroborada con pruebas objetivas. Las radiografías simples de pelvis y cadera son la herramienta diagnóstica principal para confirmar la artrosis y, fundamentalmente, para graduar su severidad.
Una radiografía no solo confirma el diagnóstico (el "qué"), sino que nos permite estadificar la enfermedad (el "cuánto"). Esta información es fundamental para la planificación terapéutica.
Para clasificar la severidad del desgaste, los traumatólogos utilizamos la escala de Kellgren y Lawrence. Esta clasificación gradúa el daño en una escala del 1 al 4.
- Grado 1-2: En estas fases iniciales se observa un estrechamiento leve del espacio articular y la presencia de pequeños osteofitos. En estos estadios, el tratamiento conservador es la primera línea de actuación.
- Grado 3-4: El espacio articular está muy reducido o ha desaparecido, lo que implica un contacto directo "hueso con hueso". Son característicos los grandes osteofitos y la deformidad de la cabeza femoral. Un grado 3 o 4, asociado a dolor y limitación funcional importantes, constituye una clara indicación de que la cirugía es la opción más razonable para recuperar la calidad de vida.
En resumen, la respuesta a la pregunta "cuándo operar la artrosis de cadera" se clarifica cuando convergen un dolor invalidante y no controlable con la evidencia radiográfica de un daño articular avanzado.
Explorando las alternativas antes del quirófano
La indicación de una cirugía de cadera se establece tras un proceso riguroso. Antes de llegar a este punto, es fundamental haber agotado las opciones de tratamiento conservador disponibles. Este recorrido terapéutico no es una forma de posponer la cirugía, sino un paso necesario para confirmar que la intervención quirúrgica es la mejor opción para el paciente.
El objetivo de estos tratamientos es el control del dolor, la mejora de la función y, en la medida de lo posible, la ralentización de la progresión del desgaste articular. Estas opciones constituyen la primera línea de manejo de la artrosis. Solo cuando su eficacia es insuficiente, la balanza se inclina hacia una solución quirúrgica.

La fisioterapia y el ejercicio terapéutico
El pilar fundamental del tratamiento conservador es la fisioterapia. El ejercicio terapéutico, pautado y supervisado por un profesional, es una de las intervenciones con mayor evidencia científica para el manejo sintomático de la artrosis de cadera.
El objetivo principal es el fortalecimiento de la musculatura periarticular, como los glúteos y los músculos del core. Una musculatura competente actúa como un estabilizador dinámico, absorbiendo parte de las cargas que de otro modo recaerían directamente sobre el cartílago dañado. Esto no solo reduce el dolor, sino que mejora la biomecánica de la marcha y el equilibrio, disminuyendo el riesgo de caídas.
Adicionalmente, la fisioterapia contribuye a mantener el rango de movimiento articular, combatiendo la rigidez característica de la artrosis. Un programa de ejercicio bien estructurado y personalizado es esencial en todas las fases de la enfermedad.
Tratamientos farmacológicos para el control del dolor
De forma complementaria, la farmacoterapia desempeña un papel clave en el manejo de los síntomas, especialmente durante las fases de mayor dolor o inflamación.
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Analgésicos y Antiinflamatorios No Esteroideos (AINEs): Fármacos como el paracetamol o el ibuprofeno constituyen la primera línea para el control del dolor agudo. Su función es modular la respuesta inflamatoria y aliviar el dolor, facilitando la adherencia al programa de fisioterapia. Su uso debe ser siempre supervisado por un médico debido a sus potenciales efectos adversos a largo plazo.
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Fármacos Modificadores de Síntomas de Acción Lenta (SYSADOA): Sustancias como el sulfato de glucosamina y el condroitín sulfato están indicadas para el alivio sintomático. Aunque su capacidad para modificar la estructura del cartílago es objeto de debate científico, algunos pacientes refieren una mejoría sintomática leve o moderada con su uso continuado.
Infiltraciones para un alivio localizado
Cuando el dolor es intenso y no responde adecuadamente a la medicación oral, las infiltraciones intraarticulares pueden ofrecer un alivio significativo. Es importante comprender que no son un tratamiento curativo, sino una herramienta para controlar los síntomas agudos.
Una infiltración actúa como un tratamiento antiinflamatorio local potente. Su objetivo es reducir la inflamación y el dolor agudo para permitir que el paciente pueda progresar en el tratamiento de base, que es la fisioterapia.
Las opciones más utilizadas son:
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Corticoides: Ofrecen un efecto antiinflamatorio potente y rápido, muy eficaz para controlar una sinovitis aguda. Su efecto es temporal y su uso debe ser pautado y limitado en el tiempo.
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Ácido Hialurónico (Viscosuplementación): Esta sustancia busca mejorar las propiedades viscoelásticas del líquido sinovial, actuando como un lubricante que facilita el movimiento y reduce la fricción. Su efecto suele ser más gradual que el de los corticoides, pero en algunos pacientes resulta más duradero.
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Plasma Rico en Plaquetas (PRP): Es una terapia biológica que utiliza los factores de crecimiento presentes en las plaquetas del propio paciente para modular la inflamación y estimular procesos reparativos. Aunque su papel en la artrosis de cadera avanzada es limitado, puede ofrecer alivio en estadios leves o moderados.
El fracaso documentado y persistente de estas opciones terapéuticas, aplicadas de manera rigurosa durante un periodo de tiempo razonable (generalmente entre 3 y 6 meses), es uno de los criterios más sólidos para plantear la indicación quirúrgica.
Conociendo las opciones quirúrgicas para tu cadera
Una vez establecida la indicación quirúrgica, es importante conocer las diferentes técnicas disponibles. La cirugía de cadera no es un procedimiento único; existen diversas opciones, cada una diseñada para un escenario clínico y un perfil de paciente específicos. La elección final dependerá del grado de degeneración articular, la edad del paciente, su nivel de actividad y la anatomía particular de su articulación.
El objetivo final de cualquier procedimiento es siempre el mismo: eliminar el dolor, restaurar la función y mejorar la calidad de vida. A continuación, se describen las principales alternativas quirúrgicas.

Artroscopia de cadera: una técnica de precisión
La artroscopia de cadera es un procedimiento mínimamente invasivo. Mediante pequeñas incisiones, se introduce un sistema óptico y un instrumental específico para trabajar dentro de la articulación sin necesidad de una cirugía abierta.
Es crucial entender que la artroscopia no es un tratamiento para la artrosis avanzada. Su principal indicación es el manejo de patologías que pueden conducir a la artrosis, como el choque femoroacetabular o las lesiones del labrum. Está reservada para pacientes, generalmente jóvenes y activos, con un daño cartilaginoso mínimo o nulo. Su objetivo es corregir la causa subyacente para prevenir o retrasar la progresión del daño articular.
Osteotomía periacetabular: una cirugía que preserva su articulación
La osteotomía es una técnica de preservación articular. A diferencia de una artroplastia, no se reemplaza ninguna estructura. Consiste en realizar cortes controlados en el hueso pélvico (acetábulo) para reorientarlo y mejorar así la cobertura de la cabeza femoral.
Esta cirugía está indicada principalmente en pacientes jóvenes, habitualmente menores de 40 años, con una alteración anatómica de base como la displasia de cadera. En estos casos, la incongruencia articular provoca una sobrecarga mecánica en áreas específicas del cartílago, acelerando su degeneración.
La osteotomía es un procedimiento biomecánico que busca optimizar la distribución de cargas en la articulación. No reemplaza el tejido, sino que mejora la estructura ósea para proteger el cartílago existente y prolongar la vida de la articulación nativa.
Al corregir la alineación, se distribuyen las cargas de manera más homogénea. Esto no solo alivia el dolor, sino que frena significativamente la progresión de la artrosis, pudiendo retrasar (o incluso evitar) la necesidad de una prótesis durante muchos años.
Artroplastia o prótesis total de cadera: la solución definitiva
La artroplastia o prótesis total de cadera es el procedimiento de elección y la solución más eficaz para la artrosis en fase avanzada, cuando el dolor es incapacitante y el cartílago se ha perdido por completo. En esta cirugía, se sustituyen las superficies articulares dañadas por componentes protésicos de alta durabilidad.
Una prótesis moderna consta de:
- Componente acetabular: Una cúpula, generalmente de titanio, que se implanta en la pelvis.
- Componente femoral: Un vástago que se inserta en el fémur, coronado por una cabeza esférica.
Entre ambos componentes se interpone una superficie de baja fricción (par de fricción), que puede ser de polietileno de alta densidad o de cerámica, permitiendo un movimiento fluido. Esto elimina el doloroso roce de "hueso contra hueso". Se trata de una intervención con una tasa de éxito muy elevada: más del 90% de las prótesis tienen una supervivencia superior a los 20 años.
Comparativa de las técnicas quirúrgicas para la cadera
Esta tabla resume las características de la artroscopia, la osteotomía y la prótesis total, ayudando a entender qué opción se ajusta mejor a cada perfil de paciente.
| Técnica quirúrgica | Indicación principal | Perfil del paciente ideal | Objetivo del procedimiento |
|---|---|---|---|
| Artroscopia de cadera | Choque femoroacetabular, lesiones del labrum. | Joven y activo, con mínimo o ningún daño cartilaginoso. | Corregir anomalías estructurales para prevenir la artrosis. |
| Osteotomía periacetabular | Displasia de cadera. | Joven (generalmente <40 años), con artrosis leve o moderada. | Preservar la articulación, corregir la biomecánica y retrasar la prótesis. |
| Prótesis total de cadera | Artrosis de cadera avanzada (grado 3-4). | Cualquier edad, con dolor severo y limitación funcional importante. | Eliminar el dolor, restaurar la movilidad y mejorar la calidad de vida. |
Comprender estas opciones es el primer paso para poder mantener una conversación informada con su especialista. Juntos, podrán decidir cuál es la mejor ruta para su cadera, valorando no solo las pruebas de imagen, sino también sus objetivos personales y su estilo de vida.
Factores que influyen en la decisión: más allá de la radiografía
Una radiografía con signos de artrosis avanzada es una pieza clave, pero no es el único factor a considerar. El éxito de una prótesis de cadera depende no solo de la técnica quirúrgica o del implante, sino también de las características individuales del paciente. Por ello, antes de decidir cuándo operar una artrosis de cadera, se realiza una evaluación integral de diversos factores personales para asegurar el mejor resultado posible.
Esta valoración permite optimizar el estado del paciente antes de la cirugía, anticipar la respuesta a la intervención y minimizar el riesgo de complicaciones.
Edad y nivel de actividad física
La edad cronológica es menos relevante que la edad biológica, es decir, el estado de salud general. No obstante, influye en la elección del tipo de implante. En pacientes más jóvenes y activos, se tiende a optar por pares de fricción de mayor durabilidad, como la cerámica, que teóricamente ofrecen una menor tasa de desgaste a largo plazo y facilitan una eventual cirugía de recambio futura.
El nivel de actividad previo y las expectativas postoperatorias son cruciales. Se debe dialogar con el paciente para alinear sus deseos con los resultados funcionales que se pueden esperar de la intervención.
El impacto de otras condiciones de salud
Las comorbilidades, o condiciones médicas preexistentes, desempeñan un papel fundamental en la planificación quirúrgica. Es esencial que estas patologías estén bien controladas antes de la intervención para reducir los riesgos perioperatorios.
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Obesidad: Un índice de masa corporal (IMC) elevado aumenta la carga mecánica sobre el implante, lo que puede acelerar su desgaste. Además, se asocia a un mayor riesgo de complicaciones como infecciones de la herida quirúrgica o problemas de cicatrización. A menudo, se recomienda un programa de pérdida de peso supervisado antes de la cirugía.
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Diabetes: Un control glucémico deficiente dificulta la cicatrización y aumenta significativamente el riesgo de infección postoperatoria. Es imperativo que los niveles de glucosa estén estables antes, durante y después del procedimiento.
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Enfermedades cardiovasculares o pulmonares: Afecciones como la hipertensión arterial o la EPOC deben estar médicamente optimizadas para garantizar una adecuada tolerancia a la anestesia y al estrés fisiológico de la cirugía.
La importancia de una buena salud ósea
La calidad del hueso del paciente es un factor determinante. La osteoporosis, una enfermedad que reduce la densidad mineral ósea, puede comprometer la fijación inicial y la osteointegración a largo plazo del implante. Un anclaje deficiente en un hueso de mala calidad aumenta el riesgo de aflojamiento protésico.
Por este motivo, ante la sospecha o diagnóstico de osteoporosis, se puede solicitar una densitometría ósea. Si es necesario, se puede pautar un tratamiento para mejorar la masa ósea antes de la artroplastia.
Entender las capacidades y limitaciones de una prótesis es uno de los predictores más importantes de satisfacción. La cirugía eliminará el dolor artrósico y restaurará la movilidad, pero no convierte una cadera de 70 años en una de 20.
Finalmente, es fundamental establecer unas expectativas realistas. Una comunicación abierta y honesta con su cirujano sobre los resultados esperables es clave. El objetivo es alinear sus metas con lo que la evidencia científica y la técnica quirúrgica pueden ofrecer. Esta alineación es la base para un resultado exitoso y una alta satisfacción a largo plazo.
Tu camino hacia la recuperación: preparación y rehabilitación
El éxito de una cirugía de cadera no se decide únicamente en el quirófano. Una parte sustancial del resultado final se construye durante las semanas y meses posteriores. La intervención es el punto de partida, pero el compromiso del paciente con la preparación preoperatoria y, especialmente, con la rehabilitación postoperatoria, es lo que determina la recuperación de una vida activa y sin dolor. Este es un proceso estructurado, con fases bien definidas, que le guiarán desde antes de la cirugía hasta la reincorporación a sus actividades.
Preparándote para el éxito: la fase preoperatoria
Llegar a la cirugía en la mejor condición física posible confiere una ventaja significativa. Este periodo previo no es de espera pasiva, sino una oportunidad para optimizar su estado funcional. Su equipo médico le proporcionará pautas claras, que a menudo incluyen un programa de "prehabilitación" con ejercicios específicos.
Este entrenamiento se centra en fortalecer la musculatura de las extremidades inferiores y del tronco. Un estado muscular optimizado no solo facilita el acto quirúrgico, sino que acelera notablemente la recuperación funcional. Es una inversión en su propia recuperación.
Los primeros pasos tras la cirugía
El postoperatorio inmediato en el hospital tiene dos objetivos prioritarios: un control analgésico eficaz y una movilización precoz. Gracias a los protocolos de recuperación intensificada (ERAS, por sus siglas en inglés), el manejo del dolor es muy efectivo, lo que permite la bipedestación y el inicio de la marcha en las primeras 24 horas.
Un fisioterapeuta le guiará para enseñarle a levantarse de la cama y a deambular con la asistencia de un andador o muletas. Estos primeros movimientos son fundamentales para reactivar la circulación, prevenir complicaciones tromboembólicas y comenzar el proceso de reaprendizaje motor con su nueva articulación.
La recuperación es un proceso progresivo, no una competición. Cada ejercicio pautado y cada avance funcional es un paso firme hacia el objetivo de una vida sin las limitaciones de la artrosis.
La rehabilitación: el motor de su nueva vida
Una vez en casa, comienza la fase más activa de su recuperación. El plan de rehabilitación es un programa progresivo y personalizado, diseñado para restaurar la fuerza, el equilibrio y un rango de movimiento completo y funcional. Este proceso se divide en varias etapas:
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Primeras semanas (0-6 semanas): El objetivo es controlar la inflamación, recuperar la movilidad articular básica y aprender a caminar de forma segura con muletas. Los ejercicios son de baja intensidad, centrados en la activación muscular sin sobrecargar la articulación.
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Fase intermedia (6-12 semanas): A medida que se gana confianza y fuerza, se retiran progresivamente las ayudas para la marcha. El programa de ejercicios se intensifica, introduciendo entrenamiento de fuerza para los músculos glúteos y cuádriceps, así como ejercicios de propiocepción y equilibrio. En esta fase se produce una mejora funcional muy notable.
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Recuperación a largo plazo (a partir de los 3-6 meses): El objetivo final es la reincorporación a las actividades habituales, incluyendo la práctica deportiva de bajo impacto como natación, senderismo o ciclismo. El trabajo se enfoca en optimizar la fuerza, la resistencia y la coordinación para garantizar la máxima funcionalidad y longevidad de la nueva cadera.
Este proceso, aunque requiere esfuerzo y constancia, ofrece una recompensa de gran valor: recuperar la libertad de movimiento sin dolor y la plena autonomía en su vida diaria.
Resolvemos tus dudas más frecuentes
Llegados a este punto, es normal que aún tenga preguntas. Se trata de una decisión importante. A continuación, damos respuesta a las dudas más habituales de forma clara y directa, basándonos en la evidencia científica y la experiencia clínica.
¿Cuánto dura una prótesis de cadera?
Las prótesis actuales son dispositivos de alta ingeniería, diseñados para soportar las demandas de una vida activa. Gracias a materiales avanzados, como la cerámica y polietilenos de alta densidad, los estudios de seguimiento a largo plazo muestran que más del 90 % de los implantes superan los 20 años de vida útil. La longevidad final dependerá de factores como el nivel de actividad del paciente, su peso corporal y la correcta técnica quirúrgica.
¿Cuándo podré volver a caminar con normalidad o a conducir?
La recuperación funcional es sorprendentemente rápida. El paciente se pone de pie y comienza a caminar con ayuda de muletas el mismo día de la cirugía o al día siguiente. La deambulación sin ninguna ayuda externa se suele alcanzar por completo entre las 4 y 6 semanas. Para volver a conducir, se recomienda esperar unas 6 semanas, siempre que se tenga un control muscular completo de la pierna intervenida y no se requiera medicación analgésica que pueda afectar a los reflejos.
Aunque toda cirugía conlleva riesgos inherentes, en la artroplastia de cadera su incidencia es muy baja gracias a los rigurosos protocolos de seguridad y a una meticulosa planificación preoperatoria.
¿Cuáles son los riesgos reales de la operación?
La artroplastia de cadera es una de las cirugías con mayor tasa de éxito y satisfacción en medicina. Los riesgos más relevantes, como la infección, la trombosis venosa profunda o la luxación protésica, son infrecuentes. En centros con alto volumen de cirugías y equipos experimentados, la incidencia de estas complicaciones es inferior al 1-2 %. Su equipo médico aplicará todos los protocolos de profilaxis y prevención para minimizar cualquier riesgo.
En el equipo del Dr. Luis Ramírez Nuñez, nos especializamos en ofrecer soluciones personalizadas para la patología de cadera, desde el tratamiento conservador hasta las técnicas quirúrgicas más avanzadas. Si busca una valoración experta para entender si ha llegado el momento de operar tu artrosis de cadera, te invitamos a solicitar una consulta para estudiar tu caso en detalle. Puedes encontrar más información en https://www.drluisramirez.com.



