Ese primer pinchazo en la ingle o esa rigidez al levantarte de una silla no suelen ser una simple molestia muscular. A menudo, son las primeras señales de una condición más compleja en la cadera: el choque femoroacetabular. Ignorarlas puede acelerar un proceso de desgaste articular, especialmente si se acompañan de chasquidos o una sensación de bloqueo al mover la pierna.
Qué es el choque femoroacetabular y cómo reconocer sus primeras señales

Para entender qué es el choque femoroacetabular (CFA), es útil visualizar la articulación de la cadera como una esfera (la cabeza del fémur) que encaja de forma congruente en una cavidad cóncava (el acetábulo). En una cadera sana, esta anatomía permite un movimiento fluido, amplio y sin fricción.
El problema del CFA surge cuando se pierde esa congruencia articular. La causa es una morfología ósea atípica, ya sea en la cabeza femoral (deformidad tipo CAM), en el borde del acetábulo (tipo Pincer), o una combinación de ambas (tipo mixto). Esta imperfección anatómica provoca que los huesos colisionen de forma anormal y prematura durante movimientos cotidianos, como agacharse, sentarse o realizar rotaciones.
Una analogía biomecánica
Imagine un engranaje perfectamente diseñado que de pronto presenta una pequeña protuberancia. Cada vez que el mecanismo gira, ese exceso de material roza contra otra pieza. Inicialmente, el efecto es mínimo, quizás un leve sonido. Sin embargo, con el tiempo, esa fricción constante desgasta ambas superficies hasta comprometer la función del sistema.
En el choque femoroacetabular ocurre un proceso similar. El conflicto mecánico repetido daña progresivamente dos estructuras clave para la salud de la cadera:
- El labrum acetabular: Un anillo de fibrocartílago que rodea la cavidad acetabular. Su función es aumentar la estabilidad articular y actuar como un sello hidráulico. Con frecuencia, es la primera estructura en lesionarse.
- El cartílago articular: El tejido liso que recubre las superficies de los huesos, permitiendo un movimiento suave. El desgaste de este cartílago conduce a la artrosis.
El choque femoroacetabular (CFA) es una de las principales causas de dolor de cadera en adultos jóvenes y deportistas, con una prevalencia estimada en torno al 15% de la población general. Si los síntomas iniciales como la rigidez o los chasquidos no se tratan, pueden evolucionar a cojera en hasta el 70% de los casos no intervenidos, lo que subraya la importancia de un diagnóstico temprano. Para profundizar en su impacto, puedes consultar este estudio completo sobre el choque femoroacetabular en adultos jóvenes.
Las primeras señales que no deben ignorarse
Los síntomas del CFA suelen ser sutiles al inicio, lo que puede llevar a confundirlos con una sobrecarga muscular. Sin embargo, su reconocimiento temprano es fundamental para frenar un daño articular que, a largo plazo, puede derivar en una artrosis precoz.
Las primeras manifestaciones suelen aparecer en situaciones cotidianas. Por ejemplo, un dolor sordo y profundo en la ingle después de permanecer sentado por un tiempo prolongado. Otro signo característico es la sensación de rigidez en la cadera al levantarse por la mañana o tras un periodo de inactividad.
También es común experimentar un chasquido, a veces audible, o una sensación de que la cadera "se engancha" al realizar movimientos de rotación, como al salir de un vehículo. Aunque al principio estas molestias puedan ser intermitentes, son una clara indicación de una disfunción intraarticular. Identificar estos patrones es el primer paso para buscar una valoración especializada y proteger la articulación.
Los 5 síntomas clave del choque femoroacetabular que no debes ignorar
Identificar las señales que emite la cadera es el primer paso para comprender la causa subyacente. Con frecuencia, el dolor del choque femoroacetabular se confunde con problemas musculares. Sin embargo, su origen es fundamentalmente mecánico.
A continuación, se detallan los síntomas clave para que aprendas a reconocer esta condición específica.
1. Dolor profundo en la ingle: el signo de la "C"
El síntoma más característico y prevalente es un dolor localizado en la región inguinal. No se trata de un dolor superficial, sino de una molestia profunda, descrita a veces como un pinchazo agudo y otras como un dolor sordo y constante.
La forma más habitual de señalarlo es con la mano en forma de "C", rodeando la parte anterior y lateral de la cadera. Este gesto se conoce clínicamente como el signo de la "C" y es una pista diagnóstica de gran valor.
El dolor no es aleatorio; se desencadena o intensifica con movimientos que fuerzan el contacto entre el fémur y el acetábulo. Actividades cotidianas como atarse los zapatos, salir del coche o permanecer sentado con las caderas flexionadas pueden volverse dolorosas.
2. Rigidez y pérdida de movilidad
Otro síntoma clave es una sensación de rigidez que limita el rango de movimiento de la cadera. El paciente puede notar que ya no es capaz de llevar la rodilla al pecho con la misma facilidad (flexión) o que le cuesta girar la pierna hacia dentro (rotación interna).
No se trata de una falta de flexibilidad muscular, sino de una barrera física real: el choque óseo. Esta rigidez suele ser más evidente por la mañana, al levantarse, o tras periodos de inactividad, como después de estar sentado en un sofá bajo.
"El error más común es normalizar estos síntomas, atribuyéndolos a 'la edad' o a una 'simple contractura'. Sin embargo, en un adulto joven y activo, un dolor inguinal mecánico y una rigidez progresiva son indicadores clínicos relevantes que nunca deben ser ignorados, ya que sugieren un posible daño estructural subyacente."
3. Sensación de bloqueo o chasquido articular
Muchos pacientes refieren una sensación de "enganche", un bloqueo momentáneo o incluso un chasquido audible al mover la cadera en ciertos ángulos. Esto ocurre cuando el labrum, que puede estar dañado, o la propia deformidad ósea interfieren en el deslizamiento suave de la articulación.
Este fenómeno se puede comparar con un pequeño objeto que obstruye un engranaje. El movimiento deja de ser fluido, se interrumpe o genera ruido. De forma similar, el labrum lesionado puede quedar "pellizcado" entre los huesos, provocando un clic doloroso o la sensación de que la cadera se va a trabar.
4. Dolor que se irradia a otras zonas
Aunque el epicentro del dolor es casi siempre la ingle, las molestias del choque femoroacetabular pueden irradiarse a zonas cercanas, lo que a menudo puede confundir el diagnóstico. Es frecuente que el dolor se extienda hacia:
- La región del glúteo: A menudo se diagnostica erróneamente como ciática o síndrome piramidal.
- La cara anterior del muslo: Puede simular una lesión del cuádriceps.
- La zona lumbar baja: Cuando la cadera tiene un movimiento limitado, la columna lumbar debe compensar, lo que puede generar sobrecarga y dolor.
Este patrón de dolor irradiado se debe a la compleja inervación y a las conexiones musculares que rodean la articulación de la cadera.
5. Dolor que aparece con la actividad física
En personas deportistas, los síntomas se manifiestan de forma clara durante la práctica de su disciplina. Los principales desencadenantes son actividades que combinan flexión de cadera y rotación, como el fútbol, las artes marciales, el yoga, el ciclismo o el levantamiento de pesas (especialmente las sentadillas profundas).
De hecho, el dolor inguinal durante el deporte afecta al 85% de los pacientes jóvenes con este diagnóstico. Este dolor punzante, que limita la flexión por encima de 90° y la rotación interna, se acompaña de rigidez y bloqueo en el 70% de los casos. Si no se trata, puede evolucionar a artrosis en hasta el 50% de los pacientes. Puedes leer más sobre la prevalencia y evolución de estos síntomas en estudios clínicos.
Un corredor puede notar el pinchazo solo al aumentar la velocidad, o un futbolista al chutar. Reconocer que el dolor está ligado a gestos deportivos concretos es una pista diagnóstica fundamental.
Para ayudarte a identificar si lo que sientes encaja con esta patología, hemos preparado una tabla resumen con los patrones de dolor más habituales y las actividades que los provocan.
Patrones de dolor y actividades desencadenantes en el CFA
| Síntoma característico | Descripción del síntoma | Actividades que suelen provocarlo |
|---|---|---|
| Dolor inguinal profundo | Pinchazo agudo o molestia sorda en la parte anterior de la cadera, señalado con el "signo de la C". | Permanecer sentado durante mucho tiempo (coche, oficina), atarse los zapatos, subir escaleras, levantarse de una silla baja. |
| Rigidez matutina | Sensación de que la cadera está "agarrotada" o tiene un movimiento limitado al levantarse por la mañana. | Periodos largos de inactividad, especialmente después de dormir o estar sentado. |
| Bloqueo o chasquido | Sensación de "clic" o de que la articulación se traba momentáneamente con ciertos movimientos. | Movimientos de rotación, como girar en la cama, o movimientos amplios de la pierna (yoga, artes marciales). |
| Dolor durante el deporte | Dolor agudo y localizado que aparece específicamente durante la actividad física y que obliga a parar. | Sentadillas profundas, correr, chutar un balón, ciclismo con sillín bajo, patinaje. |
| Dolor irradiado | Molestia que se extiende desde la ingle hacia el glúteo, el muslo o la zona lumbar baja. | Suele ser una consecuencia de la limitación principal y empeora con la fatiga o tras un esfuerzo prolongado. |
Esta tabla es una guía para que empieces a identificar patrones en tus síntomas. Si te reconoces en varios de ellos, es un buen momento para buscar la valoración de un especialista.
Entendiendo las diferencias entre los tipos CAM y pincer
No todos los choques femoroacetabulares son iguales. Aunque los síntomas del choque femoroacetabular puedan ser muy similares entre pacientes, la causa biomecánica subyacente puede variar. Comprender esta diferencia es crucial, ya que el tratamiento quirúrgico busca corregir con precisión la deformidad que origina el problema.
Existen dos tipos principales de deformidades óseas que provocan este conflicto, además de una combinación de ambas.
El choque tipo CAM
Imagine que la cabeza del fémur es una esfera perfecta. En el choque de tipo CAM, esta esfera presenta una asfericidad, una especie de "giba" o abombamiento en la unión con el cuello femoral.
Esta protuberancia, conocida como "cam" (leva en inglés), actúa como una pieza excéntrica. Al flexionar la cadera, por ejemplo durante una sentadilla, esta porción no esférica colisiona prematuramente contra el borde del acetábulo.
Este impacto repetitivo no solo pellizca el labrum, sino que a menudo provoca su desinserción y comienza a erosionar el cartílago adyacente, iniciando así un proceso degenerativo. Este tipo de deformidad es significativamente más frecuente en hombres jóvenes y físicamente activos.
El choque tipo pincer
En el choque de tipo pincer (pinza), el problema reside en el acetábulo. En estos casos, la cavidad es demasiado profunda (coxa profunda) o está retrovertida, cubriendo en exceso la cabeza femoral.
Podemos visualizarlo como un techo que sobresale demasiado. En lugar de permitir un movimiento libre, el borde óseo del acetábulo "pinza" el labrum contra el cuello del fémur durante los movimientos, especialmente en la flexión.
A diferencia del tipo CAM, que tiende a dañar el cartílago de forma más focal, el pinzamiento tipo pincer suele causar un daño más difuso en el labrum. Esta morfología es más habitual en mujeres de mediana edad.
El siguiente mapa conceptual te ayudará a visualizar cómo estas morfologías derivan en los síntomas clave.

Como se puede observar, independientemente del tipo, la sintomatología principal converge en dolor, sensación de bloqueo y rigidez, limitando la función normal de la cadera.
El choque mixto: el escenario más común
En la práctica clínica, la presentación más frecuente no es un tipo CAM o pincer puro, sino una combinación de ambos, denominada choque femoroacetabular mixto.
Un paciente puede presentar una cobertura acetabular excesiva (pincer) y, simultáneamente, una deformidad tipo CAM en la cabeza femoral. De hecho, se estima que más del 80 % de los casos de choque femoroacetabular sintomáticos son de tipo mixto.
Esta combinación de factores agrava el conflicto mecánico y puede acelerar el deterioro articular. Por este motivo, una planificación preoperatoria exhaustiva es esencial. El cirujano debe identificar y medir ambas deformidades con pruebas de imagen para poder corregirlas de manera precisa durante la artroscopia de cadera.
Diferenciar entre estos tipos no es un mero detalle técnico; es la base para diseñar una intervención quirúrgica que solucione la causa fundamental del problema, alivie los síntomas del choque femoroacetabular y ayude a preservar la articulación a largo plazo.
Cómo se llega a un diagnóstico preciso del choque femoroacetabular
Experimentar los síntomas del choque femoroacetabular es el primer aviso, pero solo un diagnóstico riguroso puede conducir a un tratamiento eficaz. El proceso para confirmar esta patología es metódico y combina la historia clínica, la exploración física y las pruebas de imagen.
Un especialista no se limita a preguntar por el dolor; busca patrones. Es necesario entender qué movimientos específicos lo provocan, su duración, su impacto en las actividades diarias y deportivas, y qué medidas se han intentado para aliviarlo. Esta anamnesis inicial es crucial para orientar la sospecha clínica.
El siguiente paso es la exploración física, donde el médico buscará reproducir el conflicto mecánico que causa el dolor.
La exploración física y la prueba de FADIR
Durante la exploración, el especialista evaluará el rango de movilidad, buscando asimetrías o limitaciones, especialmente en la flexión y la rotación interna de la cadera. La maniobra más reveladora y específica es la conocida como prueba de FADIR (Flexión, Aducción y Rotación Interna).
Este test consiste en, con el paciente tumbado boca arriba, flexionar la cadera a 90 grados, aproximarla hacia la línea media del cuerpo (aducción) y rotarla hacia dentro (rotación interna). Si esta combinación de movimientos reproduce el dolor inguinal característico, la prueba se considera positiva. En ese momento, la sospecha de un choque femoroacetabular se vuelve muy alta, ya que se está simulando directamente el pinzamiento óseo.
Un diagnóstico certero se basa en tres pilares: la historia clínica del paciente, los hallazgos en la exploración física (como un test de FADIR positivo) y la confirmación mediante pruebas de imagen. Ningún elemento es suficiente por sí solo; la combinación de los tres proporciona una visión completa y permite planificar el mejor tratamiento.
Aunque la exploración sea muy sugerente, es imprescindible visualizar las estructuras intraarticulares. Las pruebas de imagen no solo confirman el diagnóstico, sino que proporcionan un mapa preciso de la anatomía y del alcance del daño.
El papel crucial de las pruebas de imagen
Las imágenes radiológicas son la herramienta que permite al especialista evaluar la cadera internamente, observando la morfología ósea, la integridad del cartílago y el estado del labrum.
El protocolo diagnóstico suele seguir un orden lógico:
-
Radiografías (RX): Es la primera prueba que se solicita. Una serie radiográfica de pelvis y cadera, realizada en proyecciones específicas, es suficiente para que un especialista detecte las deformidades óseas tipo CAM o pincer. Con ella se miden ángulos y se valora si existe una cobertura acetabular excesiva o una giba femoral.
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Resonancia Magnética (RM) o Artro-RM: Si la radiografía confirma la deformidad ósea, el siguiente paso es valorar el estado de las partes blandas. La resonancia magnética permite visualizar con gran detalle el labrum y el cartílago. A menudo, se realiza una Artro-Resonancia Magnética, que implica la inyección de contraste dentro de la articulación. Este líquido delimita mejor las estructuras y detecta desgarros o lesiones del labrum con una precisión superior.
Cada prueba aporta información distinta pero complementaria, construyendo una imagen completa de la patología.
Esta tabla resume la aportación de cada prueba en el diagnóstico del choque femoroacetabular.
Comparativa de pruebas diagnósticas para el choque femoroacetabular
| Prueba diagnóstica | Qué detecta principalmente | Cuándo se solicita |
|---|---|---|
| Radiografía (RX) | Deformidades óseas (CAM, pincer, mixto) y signos iniciales de artrosis. | Siempre como primera prueba de imagen ante la sospecha de CFA. |
| Resonancia Magnética (RM) | Lesiones del labrum, edema óseo, quistes y daño en el cartílago articular. | Cuando la radiografía sugiere un CFA y se necesita valorar el daño en las partes blandas. |
| Artro-Resonancia Magnética | Desgarros y desinserciones del labrum con máxima precisión, así como lesiones focales del cartílago. | Considerada la prueba de referencia (gold standard) para evaluar la integridad del labrum antes de una posible cirugía. |
Completar este recorrido diagnóstico, desde la anamnesis hasta las pruebas de imagen avanzadas, es la única forma de obtener una visión integral del problema. Esto permite al especialista no solo confirmar el diagnóstico, sino también cuantificar el daño y diseñar un plan de tratamiento personalizado.
Explorando las opciones de tratamiento: del conservador al quirúrgico

Una vez confirmado el diagnóstico de choque femoroacetabular, la cuestión principal es determinar el tratamiento adecuado. El abordaje terapéutico está bien definido y generalmente comienza con las opciones menos invasivas, reservando la cirugía para los casos en que el tratamiento conservador no logra controlar los síntomas y restaurar la funcionalidad.
El objetivo inicial no es corregir la anatomía, sino manejar las consecuencias del choque: reducir la inflamación, aliviar el dolor y reeducar el patrón de movimiento para minimizar el conflicto mecánico. Este primer escalón es fundamental y, en muchos pacientes con daño articular leve, puede ser suficiente.
La primera línea de defensa: el tratamiento conservador
El enfoque conservador se basa en una estrategia combinada que aborda el problema desde varios frentes.
El primer paso consiste en modificar las actividades que provocan dolor. Esto no implica un reposo absoluto, sino identificar qué gestos o deportes están desencadenando los síntomas del choque femoroacetabular y adaptarlos. Por ejemplo, un ciclista podría necesitar ajustar la altura del sillín, mientras que un aficionado al gimnasio debería evitar las sentadillas profundas.
Paralelamente, se inicia un programa de fisioterapia específica. Un fisioterapeuta especializado diseñará una pauta de ejercicios centrada en:
- Fortalecer la musculatura de soporte: Músculos como los glúteos y el core son clave para estabilizar la pelvis y la cadera, ayudando a controlar el movimiento y reducir la carga articular.
- Mejorar el control neuromuscular: Se busca reeducar los patrones de movimiento para evitar aquellos que generan el pinzamiento.
- Flexibilizar tejidos acortados: El estiramiento controlado de la musculatura que rodea la cadera puede aliviar la tensión y mejorar la movilidad funcional.
El uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) puede ser útil para controlar los episodios agudos de dolor e inflamación, pero se considera una medida de apoyo puntual y no una solución a largo plazo.
Las infiltraciones como herramienta de alivio y diagnóstico
Cuando el dolor es intenso e impide progresar con la fisioterapia, las infiltraciones intraarticulares se convierten en una opción valiosa. Consisten en inyectar directamente en la articulación una mezcla de anestésico local y un corticoide.
Una infiltración tiene un doble propósito. Proporciona un alivio temporal del dolor al reducir la inflamación y, además, posee un gran valor diagnóstico: si el dolor desaparece casi por completo tras la inyección, se confirma que su origen es intraarticular.
El efecto del corticoide puede durar semanas o meses, creando una "ventana terapéutica" ideal para avanzar de forma más eficaz con el programa de rehabilitación.
Cuándo se convierte la cirugía en la mejor opción
El tratamiento conservador se mantiene mientras el paciente experimente una mejoría funcional y una reducción del dolor. Sin embargo, si después de un periodo razonable (generalmente entre 3 y 6 meses) los síntomas persisten, limitan la vida diaria o deportiva, o si las pruebas de imagen muestran una progresión del daño labral o condral, se debe plantear la opción quirúrgica.
La cirugía no solo busca aliviar el dolor, sino corregir la causa mecánica del problema para frenar el desgaste articular. El choque femoroacetabular es un factor de riesgo conocido para el desarrollo de artrosis precoz. Expertos como el Dr. Luis Ramírez Nuñez señalan que un alto porcentaje de sus pacientes jóvenes y atletas mejoran de forma significativa con esta técnica. Puedes leer más sobre cómo evitar el deterioro de la cadera en este informe detallado.
La técnica de elección actual es la artroscopia de cadera. Es un procedimiento mínimamente invasivo que permite al cirujano acceder a la articulación a través de pequeñas incisiones. Con una cámara y instrumental especializado, se puede:
- Remodelar el hueso (osteoplastia): Se elimina el exceso de hueso, ya sea en la cabeza femoral (tipo CAM) o en el borde del acetábulo (tipo pincer), para resolver el conflicto de espacio.
- Reparar el labrum: Si el labrum está desgarrado, se sutura y se reancla al hueso para restaurar su función de sellado y estabilidad.
- Tratar lesiones del cartílago: Se pueden aplicar técnicas como microfracturas o implantar membranas de colágeno para estimular la reparación del cartílago dañado.
La artroscopia permite una corrección anatómica precisa con una agresión mínima a los tejidos, lo que se traduce en una recuperación más rápida, menos dolor postoperatorio y un retorno más seguro a la actividad física.
Preguntas frecuentes sobre el choque femoroacetabular
Es natural tener dudas sobre el manejo de esta condición. A continuación, respondemos a las preguntas más habituales desde una perspectiva clínica y práctica.
¿Se puede curar el choque femoroacetabular solo con reposo?
La respuesta es no. El reposo no puede curar un choque femoroacetabular porque no soluciona la causa fundamental, que es una alteración anatómica. El conflicto óseo persistirá.
El reposo puede aliviar temporalmente el dolor agudo y la inflamación, pero al reanudar la actividad, el pinzamiento reaparecerá. De hecho, un reposo prolongado puede ser contraproducente, ya que debilita la musculatura estabilizadora de la cadera, lo que a menudo puede agravar el problema a largo plazo.
La estrategia no es la inactividad, sino la modificación de la actividad. Consiste en aprender a moverse evitando los gestos que provocan el pinzamiento, mientras se fortalece la musculatura de soporte mediante un programa de fisioterapia estructurado.
¿Puedo seguir haciendo deporte si tengo choque femoroacetabular?
Depende de varios factores, como el tipo de deporte, la intensidad, la severidad de los síntomas del choque femoroacetabular y el grado de daño articular existente. La clave es la adaptación. Muchos pacientes logran mantenerse activos realizando los ajustes correctos.
Considere estos puntos:
- Evite los movimientos de riesgo: Gestos que implican una flexión profunda de cadera combinada con rotación, como una sentadilla por debajo de los 90 grados o ciertos golpeos de balón, suelen ser los principales desencadenantes.
- Priorice deportes de bajo impacto: Actividades como la natación o el ciclismo (con el sillín bien ajustado para no forzar la flexión) generalmente se toleran mejor que la carrera o los deportes con cambios de dirección bruscos.
- Preste atención a las señales del cuerpo: El dolor es una señal de alarma. Si una actividad duele, es necesario detenerse, analizar la técnica, reducir la intensidad o modificar el ejercicio. Ignorar el dolor solo acelera el desgaste articular.
La guía de un fisioterapeuta deportivo con experiencia en patología de cadera es fundamental para adaptar el entrenamiento de forma segura.
¿Qué ocurre si decido no operarme?
Es una decisión válida, pero implica un compromiso activo con el tratamiento conservador y la comprensión de sus posibles consecuencias. La inacción no es una opción recomendable.
Si se opta por un manejo no quirúrgico, es fundamental seguir un programa constante de fisioterapia y modificación de actividad. El objetivo es mantener la cadera funcional y sin dolor el mayor tiempo posible. En muchos casos con síntomas leves y daño articular mínimo, este enfoque es suficiente para llevar una vida normal.
Sin embargo, hay que ser consciente de que el conflicto mecánico persiste. Si los síntomas no mejoran o empeoran a pesar de la rehabilitación, el roce continuo seguirá dañando el labrum y el cartílago, lo que puede acelerar la aparición de una artrosis de cadera. Por ello, el seguimiento regular con un especialista es crucial para reevaluar la situación periódicamente.
¿Es la artrosis una consecuencia inevitable del choque femoroacetabular?
No es inevitable, pero el riesgo es significativamente mayor. El choque femoroacetabular está considerado uno de los principales precursores de la artrosis de cadera en personas jóvenes. La fricción anormal y repetida desgasta progresivamente el cartílago, el tejido que protege los huesos.
La buena noticia es que un diagnóstico y tratamiento tempranos pueden cambiar este pronóstico. Corregir la deformidad ósea mediante una artroscopia de cadera no solo alivia los síntomas actuales, sino que su objetivo principal es frenar o detener la progresión del daño articular.
La cirugía busca preservar la articulación nativa del paciente, retrasando o incluso evitando la necesidad de una prótesis de cadera en el futuro. Por lo tanto, aunque el riesgo existe, actuar a tiempo es la mejor herramienta para proteger la salud de la cadera a largo plazo.
Si experimentas dolor o rigidez en la cadera y te identificas con la información de este artículo, el primer paso es obtener un diagnóstico preciso. El Dr. Luis Ramírez Nuñez es un especialista en cirugía de cadera que puede ofrecerte una valoración experta y un plan de tratamiento personalizado, desde las opciones conservadoras más avanzadas hasta las técnicas quirúrgicas más precisas, para ayudarte a recuperar tu calidad de vida. No normalices el dolor; solicita una cita y encuentra la solución a tu problema.



