Cuando un paciente joven y activo acude a la consulta con un dolor persistente en la cadera, una de las principales sospechas diagnósticas es la rotura del labrum acetabular. Esta lesión, que afecta al anillo de fibrocartílago que rodea la cavidad de la articulación, puede limitar seriamente la movilidad y la calidad de vida. Para entender su importancia, es fundamental conocer qué es y cuál es la función de esta pequeña pero esencial estructura.
Entendiendo la rotura del labrum de la cadera
La articulación de la cadera funciona como un sistema de bola y cavidad: la cabeza del fémur (la "bola") encaja en el acetábulo (la "cavidad") del hueso pélvico. El labrum acetabular es un anillo de fibrocartílago que bordea dicha cavidad, garantizando un cierre hermético y estable.

La función vital del labrum
Lejos de ser un simple componente anatómico, el labrum desempeña funciones clave para el correcto funcionamiento de la cadera. Si se daña, todo este equilibrio biomecánico se ve comprometido.
Sus principales responsabilidades son:
- Estabilidad articular: Aumenta la profundidad del acetábulo en aproximadamente un 21%. Esto mejora la congruencia de la cabeza femoral y crea un efecto de "vacío" o succión que mantiene la articulación en su sitio, previniendo micromovimientos perjudiciales.
- Distribución de cargas: Funciona como un amortiguador primario. Distribuye las fuerzas que soportamos al caminar, correr o saltar, protegiendo así el cartílago articular del desgaste prematuro.
- Lubricación y nutrición: Contribuye a contener el líquido sinovial, el fluido que lubrica la articulación. Este líquido es vital para un movimiento suave y para nutrir el cartílago, que carece de vascularización propia.
Una rotura en esta estructura interrumpe este delicado mecanismo, lo que da lugar a la aparición de dolor, chasquidos y la sensación de que la cadera "falla".
¿Qué ocurre cuando el labrum se rompe?
Una lesión del labrum puede variar desde un pequeño deshilachado hasta un desprendimiento completo del hueso. Cuando esto sucede, el efecto de sellado se pierde. La cabeza del fémur comienza a moverse de forma anómala dentro de la cavidad, aunque sea de forma mínima.
Esa microinestabilidad genera roces y presiones anormales sobre el cartílago, acelerando su degeneración y pudiendo conducir a una artrosis de cadera precoz.
La integridad del labrum no solo es clave para el buen funcionamiento actual de la cadera, sino que es la mejor garantía para su salud a largo plazo. Un labrum sano es el principal protector contra el desgaste articular.
A continuación, una tabla resume los conceptos básicos para una comprensión rápida.
Resumen rápido sobre la rotura del labrum de cadera
Una tabla que resume los aspectos fundamentales de la lesión para una comprensión inmediata.
| Aspecto clave | Descripción |
|---|---|
| ¿Qué es? | Una lesión en el anillo de fibrocartílago (labrum) que rodea la cavidad de la articulación de la cadera (acetábulo). |
| Función principal | Proporcionar estabilidad, amortiguar cargas y mantener la lubricación de la articulación. |
| Síntomas comunes | Dolor en la ingle, chasquidos, sensación de bloqueo o inestabilidad, y limitación del movimiento. |
| Consecuencia a largo plazo | Acelera el desgaste del cartílago, pudiendo conducir a una artrosis de cadera prematura. |
| Población afectada | Frecuente en personas jóvenes y activas, especialmente deportistas, aunque puede afectar a cualquiera. |
Es importante saber que no es una lesión infrecuente. Las lesiones del labrum acetabular suponen entre el 22% y el 55% de los motivos de consulta por dolor de cadera en España. En el ámbito deportivo, representan del 3,1% al 8,4% de todas las lesiones. Si desea profundizar, puede consultar esta publicación científica sobre las lesiones del labrum.
Conocer esta base es fundamental para entender por qué síntomas como el dolor en la ingle o los bloqueos articulares nunca deben ser ignorados. A continuación, analizaremos las causas de estas roturas y cómo se manifiestan.
¿Por qué se rompe el labrum de la cadera?
Rara vez una rotura del labrum de cadera se debe a un único traumatismo. Aunque un impacto directo o una caída pueden provocar una lesión aguda, la mayoría de estas roturas son el resultado de un desgaste progresivo. Son la consecuencia de una combinación de factores anatómicos y actividades repetitivas que, progresivamente, van debilitando el tejido.
La causa estructural más frecuente detrás de estas lesiones es el choque femoroacetabular (CFA), también conocido como pinzamiento de cadera. Esta condición ocurre cuando hay un contacto anormal y prematuro entre la cabeza del fémur y el borde del acetábulo durante el movimiento. Este roce constante, con cada paso o flexión, va "pellizcando" y dañando el labrum.

Entendiendo el choque femoroacetabular
Para que una cadera se mueva con fluidez, la cabeza del fémur y el acetábulo deben tener una morfología esférica y cóncava congruente. Cuando existe una pequeña alteración en su forma, se produce un conflicto mecánico. Existen principalmente dos tipos de CFA, y es muy habitual que se presenten de forma combinada (mixto).
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Choque tipo CAM: La alteración se encuentra en la cabeza femoral. En lugar de ser una esfera perfecta, presenta una protuberancia o "giba" ósea en la transición entre la cabeza y el cuello del fémur. Al flexionar y rotar la cadera, esta giba choca contra el borde del acetábulo, comprimiendo y desgarrando el labrum.
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Choque tipo PINCER: En este caso, el problema reside en el acetábulo. Puede ser demasiado profundo o estar orientado de tal manera que cubre en exceso la cabeza femoral. Este "techo" óseo pinza el labrum contra el cuello del fémur, especialmente en movimientos de flexión profunda.
El choque femoroacetabular no es una enfermedad, sino una variante anatómica. Muchas personas lo tienen sin desarrollar síntomas. Sin embargo, en individuos activos, esta morfología aumenta drásticamente el riesgo de sufrir una rotura del labrum de cadera.
El papel de la displasia y la hiperlaxitud
No todo se debe al CFA. Otras condiciones anatómicas también pueden predisponer a una lesión del labrum, aunque por mecanismos distintos.
Una de ellas es la displasia de cadera. En esta patología, el acetábulo es poco profundo y no ofrece una cobertura adecuada a la cabeza femoral. Esto genera una inestabilidad crónica en la articulación. Para compensar esta falta de soporte óseo, el labrum se ve forzado a trabajar en exceso para mantener la cadera en su sitio. Esta tensión constante lo somete a una fatiga estructural que eleva el riesgo de rotura.
Por otro lado, la hiperlaxitud articular —una condición en la que los ligamentos son más elásticos de lo normal— también desempeña un papel. Si los ligamentos no sujetan la articulación con firmeza, el labrum y los músculos deben realizar un sobreesfuerzo para estabilizar la cadera, lo que con el tiempo puede provocar su deterioro.
Actividades de riesgo y el daño por repetición
La anatomía predispone, pero la actividad suele ser el detonante. Deportes y actividades que implican movimientos repetitivos de flexión y rotación de cadera son un factor de riesgo demostrado.
Algunas de las actividades con mayor implicación son:
- Fútbol: Por los gestos de chute y los cambios de dirección bruscos.
- Artes marciales: Debido a las patadas altas y las posiciones de flexión profunda.
- Danza y ballet: Por las rotaciones externas extremas y las elevaciones de pierna.
- Hockey y golf: A causa de los movimientos de torsión del tronco sobre la cadera.
Estos movimientos repetidos generan microtraumatismos que, con el tiempo, superan la capacidad del labrum para repararse. Esto conduce a un desgaste crónico y, finalmente, a una rotura del labrum de cadera. De hecho, un estudio español realizado en futbolistas profesionales reveló que la prevalencia de lesiones del labrum alcanza el 33,8%, y la de conflicto femoroacetabular fue del 25%, siendo el tipo CAM el más frecuente. Estos datos demuestran cómo la actividad intensa puede acelerar el daño. Si quiere profundizar, puede consultar la investigación sobre la prevalencia de estas lesiones.
Cómo reconocer los síntomas de una lesión labral
Identificar una rotura del labrum de cadera puede ser complejo, ya que sus síntomas a menudo se confunden con problemas musculares o tendinosos. Sin embargo, existen patrones característicos que actúan como señales de alerta de que algo más profundo no funciona correctamente en la articulación.
Prestar atención a estas pistas es el primer paso para buscar un diagnóstico correcto y definir la patología.
El síntoma principal, y más revelador, es un dolor muy localizado en la ingle o en la parte anterior de la cadera. No es un dolor superficial; los pacientes suelen describirlo como algo profundo, que sienten "dentro de la articulación". A veces se manifiesta como un pinchazo agudo con ciertos movimientos, y otras como una molestia sorda y constante que aumenta a lo largo del día.
El dolor que se agrava con la actividad
Una de las claves para sospechar de una rotura de labrum es que el dolor no aparece de forma espontánea, sino que se intensifica con actividades muy concretas que solicitan la cadera. Responde a estímulos mecánicos específicos.
Algunas de las situaciones que típicamente lo desencadenan o empeoran son:
- Permanecer sentado mucho tiempo: Especialmente en asientos bajos o en el coche, la flexión prolongada de la cadera aumenta la presión sobre la zona lesionada. El dolor suele aparecer justo al levantarse.
- Actividad deportiva: Gestos como chutar un balón, realizar una sentadilla profunda, correr o cambiar de dirección bruscamente suelen reproducir ese dolor agudo y punzante.
- Movimientos de rotación: Girar el cuerpo sobre la pierna apoyada en el suelo puede provocar un pinzamiento doloroso que limita el movimiento.
Más allá del dolor: los síntomas mecánicos
Aunque el dolor en la ingle es el protagonista, no es la única pista. Una rotura del labrum suele ir acompañada de lo que los especialistas denominamos "síntomas mecánicos". Son ruidos o sensaciones físicas que indican que la articulación no está funcionando de manera fluida.
Estos síntomas son como señales de advertencia. No solo avisan de que existe un problema, sino que también ofrecen pistas sobre qué parte de la articulación está fallando. Ignorarlos puede llevar a un daño mayor.
Estos fenómenos mecánicos son muy orientativos de una lesión en el labrum e incluyen:
- Chasquidos o "clics": Una sensación audible o palpable al mover la cadera, sobre todo al pasar de estar sentado a ponerse de pie (de flexión a extensión).
- Sensación de bloqueo o enganche: Es como si la cadera se quedara "atascada" momentáneamente en una posición, impidiendo un movimiento fluido. A veces es necesario mover la pierna con cuidado para "desbloquearla".
- Inestabilidad o "fallo": Una sensación repentina de que la cadera cede o no puede soportar el peso corporal. Esto puede provocar cojera o, en algunos casos, incluso caídas.
Cuando estos síntomas se presentan de forma conjunta, especialmente el dolor inguinal con alguno de los ruidos o bloqueos, el cuadro clínico apunta directamente a una rotura del labrum de cadera. Reconocer estas señales y no normalizarlas es fundamental. Si se siente identificado con estas molestias, es crucial buscar la valoración de un especialista para obtener un diagnóstico preciso y evitar la progresión del daño articular.
El proceso de diagnóstico para confirmar la rotura
Confirmar una rotura del labrum de cadera requiere un proceso diagnóstico metódico. No nos basamos en una única prueba, sino que unimos las pistas obtenidas de la anamnesis, la exploración física y las pruebas de imagen para obtener un cuadro completo.
El punto de partida es la historia clínica. Entender las características del dolor, los movimientos que lo provocan y la presencia de chasquidos o bloqueos mecánicos nos proporciona un mapa inicial para orientar la investigación diagnóstica.
La exploración física: el primer filtro clave
Una vez clara la historia clínica, se procede a la exploración en la camilla. Se realizan una serie de maniobras específicas diseñadas para reproducir los síntomas de forma controlada y así confirmar si el problema tiene un origen intraarticular.
La prueba más conocida es el test de FADIR (flexión, aducción y rotación interna). Consiste en flexionar la cadera al máximo, llevarla hacia la línea media del cuerpo y rotarla hacia dentro. Si este movimiento reproduce el dolor agudo en la ingle, es un indicio muy potente de que existe un conflicto entre el fémur y el acetábulo, casi siempre asociado a una rotura del labrum.
Esta infografía resume las tres señales de alarma que buscamos.

Cuando estos tres síntomas —dolor, chasquido y bloqueo— aparecen juntos, la sospecha de una patología intraarticular, como una rotura de labrum, es muy alta.
El papel de las pruebas de imagen: viendo el interior de la cadera
Aunque la historia clínica y la exploración física nos den una sospecha fundada, necesitamos visualizar las estructuras internas para tener certeza diagnóstica. Para ello, cada prueba de imagen cumple una misión específica.
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Radiografías (RX): Son siempre el primer paso. No permiten ver el labrum, por ser un tejido blando, pero son cruciales para evaluar la morfología ósea. Con ellas detectamos signos de choque femoroacetabular (una giba tipo CAM o una sobrecobertura tipo PINCER) y descartamos otras causas de dolor como la artrosis o la displasia.
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Artro-resonancia magnética (Artro-RM): Es la prueba de elección para visualizar el labrum. A diferencia de una resonancia convencional, se inyecta un contraste directamente en la articulación. Este líquido se introduce en cualquier desgarro del labrum, "iluminando" la lesión. Esto permite confirmar su existencia, localización y tamaño con una precisión muy alta.
La siguiente tabla resume cómo cada una de estas pruebas contribuye al diagnóstico.
Comparativa de métodos diagnósticos para la rotura de labrum
Tabla comparativa que muestra la utilidad y el propósito de cada prueba diagnóstica en la evaluación de una lesión labral.
| Método diagnóstico | Propósito principal | Qué detecta |
|---|---|---|
| Exploración física (Test FADIR) | Provocar el dolor para confirmar el origen articular | Pinzamiento femoroacetabular, irritación del labrum. |
| Radiografías (RX) | Evaluar la anatomía ósea | Deformidades (CAM, PINCER), displasia, signos de artrosis. |
| Artro-resonancia magnética (Artro-RM) | Visualizar tejidos blandos con alta precisión | Roturas de labrum, lesiones del cartílago, inflamación. |
| Artroscopia diagnóstica | Confirmación visual directa y tratamiento | Diagnóstico definitivo de la rotura, evaluación de su estabilidad y tratamiento en el mismo acto. |
Como se observa, no se trata de elegir una única prueba, sino de utilizarlas en la secuencia correcta para llegar al diagnóstico más preciso posible.
La Artro-RM es una herramienta de alta fiabilidad. Su capacidad para delimitar la lesión del labrum y, muy importante, para evaluar el estado del cartílago adyacente, es fundamental para decidir si el tratamiento debe ser conservador o quirúrgico.
La evidencia científica respalda su uso. Una serie española con 51 pacientes demostró que la Artro-RM directa tenía una precisión del 94,5% para detectar roturas de labrum y del 100% para identificar lesiones combinadas de cartílago y labrum. Si desea profundizar, puede leer más sobre los resultados de estudios diagnósticos aquí.
La artroscopia: la confirmación definitiva y el primer paso del tratamiento
Finalmente, la artroscopia de cadera es el "gold standard" o patrón de referencia. Mediante una pequeña cámara introducida en la articulación, podemos ver la rotura en tiempo real, palparla con instrumental específico y valorar su estabilidad y la calidad del tejido.
La gran ventaja es que es una herramienta de "diagnóstico y tratamiento". En el mismo procedimiento en que se confirma la lesión, se puede reparar y corregir la causa subyacente, como el choque femoroacetabular. Así, se cierra el círculo diagnóstico y se inicia el camino hacia la recuperación.
Opciones de tratamiento para la rotura del labrum
Una vez confirmado el diagnóstico de rotura de labrum, la pregunta es: ¿cuál es el siguiente paso? No hay una única respuesta, ya que el camino a seguir depende de la gravedad de la lesión, la presencia de causas subyacentes como un choque femoroacetabular, y sobre todo, de cómo los síntomas afectan la vida diaria del paciente.

El objetivo del tratamiento siempre es doble: aliviar el dolor y, lo más importante, proteger la articulación. Se busca frenar el desgaste del cartílago y evitar la evolución hacia una artrosis precoz. Para lograrlo, existen dos vías principales: el tratamiento conservador y la cirugía.
El tratamiento conservador como primera línea de defensa
En muchos casos, especialmente si la rotura es pequeña y no hay una deformidad ósea muy marcada, siempre se inicia con tratamiento conservador. Esto no significa inactividad, sino un plan activo y estructurado para mejorar la función de la cadera y reducir la inflamación sin necesidad de cirugía.
Este enfoque se apoya en varios pilares:
- Modificación de la actividad: Lo primero es identificar los movimientos que provocan dolor y evitarlos temporalmente. No se trata de un reposo absoluto, sino de ajustar la rutina para dejar de irritar el labrum dañado.
- Fisioterapia especializada: Es el corazón del tratamiento. Un fisioterapeuta experto en cadera guiará un programa para fortalecer la musculatura clave que estabiliza la pelvis, como los glúteos y el core (la faja lumbo-abdominal).
- Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): Fármacos como el ibuprofeno pueden ser útiles en las fases agudas para reducir el dolor y la inflamación, facilitando el avance de la fisioterapia.
El objetivo de la fisioterapia va más allá de aliviar el dolor. Busca reeducar el patrón de movimiento para que la carga sobre la articulación se distribuya de forma más eficiente.
Infiltraciones, una herramienta para calmar la articulación
A veces, la inflamación es tan persistente que impide avanzar con la rehabilitación. En esos momentos, las infiltraciones intraarticulares pueden ser una herramienta muy útil. Siempre se realizan con guía ecográfica o radioscópica para asegurar la correcta colocación del fármaco.
Las opciones más habituales son:
- Corticoides: Tienen un potente efecto antiinflamatorio que alivia el dolor a corto plazo.
- Ácido hialurónico o PRP: Buscan mejorar la lubricación y el entorno biológico de la articulación, aunque su evidencia científica para las lesiones del labrum es más variable.
Una infiltración no "cura" la rotura del labrum. Su función es "enfriar" la articulación para romper el círculo vicioso de dolor-inflamación, creando una ventana de oportunidad para que la rehabilitación sea más efectiva.
La solución quirúrgica: la artroscopia de cadera
Cuando el tratamiento conservador no produce los resultados esperados, o cuando existe una causa mecánica clara como un choque femoroacetabular, se plantea la cirugía. Hoy en día, la técnica de elección es la artroscopia de cadera, un procedimiento mínimamente invasivo que permite visualizar y trabajar dentro de la articulación a través de pequeñas incisiones.
La gran ventaja de la artroscopia es que no solo permite tratar la rotura del labrum, sino también corregir la causa subyacente que la provocó. De poco sirve reparar el labrum si no se corrige la deformidad ósea que lo está pinzando; sería una reparación abocada al fracaso.
Dentro de la artroscopia, existen dos formas principales de tratar el labrum dañado:
- Desbridamiento labral: Consiste en "limpiar" y regularizar los bordes del tejido deshilachado o dañado. Es una opción que se reserva para roturas muy degenerativas o cuando la calidad del tejido es deficiente y no permitiría una sutura.
- Reparación labral: Siempre que el tejido del labrum sea de buena calidad, esta es la técnica de elección. Consiste en reanclar el labrum desprendido al hueso del acetábulo mediante pequeños anclajes y suturas. El objetivo es restaurar por completo la función de sellado y estabilidad.
La decisión final entre desbridar o reparar se toma durante la propia cirugía, al visualizar y palpar directamente el tejido. Sin embargo, la evidencia científica actual es clara: la reparación labral ofrece mejores resultados a largo plazo, tanto en función como en supervivencia de la articulación.
El verdadero potencial de la artroscopia reside en su capacidad para ofrecer una solución completa. Al mismo tiempo que se repara el labrum, se remodela el hueso para eliminar el choque femoroacetabular (ya sea de tipo CAM, PINCER o mixto). Corregir la anatomía es la clave para asegurar que la rotura del labrum cadera no vuelva a causar problemas y para proteger el cartílago de un desgaste futuro.
Recuperación y pronóstico: el camino de vuelta tras el tratamiento
Superar una rotura del labrum de cadera no finaliza con el acto quirúrgico o la última sesión de fisioterapia. La recuperación es un proceso activo, donde cada paso es crucial para garantizar un retorno seguro y duradero a las actividades. Entender qué esperar en esta fase y cuál es el pronóstico real es fundamental para afrontarla con la mentalidad correcta.
Tanto si se ha optado por un tratamiento conservador como por una artroscopia, la rehabilitación es la piedra angular del éxito. El objetivo va más allá de la desaparición del dolor; se trata de reeducar el patrón de movimiento para que la articulación trabaje de forma eficiente y quede protegida a largo plazo.
Las fases de la rehabilitación tras una artroscopia
La recuperación después de una artroscopia de cadera sigue un protocolo estudiado y progresivo que, aunque se adapta a cada paciente, sirve como hoja de ruta.
- Fase 1: Protección inicial (Semanas 0-4). El objetivo prioritario es proteger la reparación del labrum y controlar la inflamación. Es habitual el uso de muletas para evitar la carga completa sobre la cadera operada, permitiendo que los tejidos inicien su cicatrización.
- Fase 2: Recuperación del movimiento (Semanas 4-8). Una vez superada la primera etapa, el foco se desplaza a la recuperación del rango de movimiento de la cadera, primero de forma pasiva y luego activa, siempre sin provocar dolor. Se introducen ejercicios suaves para activar la musculatura estabilizadora.
- Fase 3: Fortalecimiento funcional (Semanas 8-16). En esta fase se intensifica el trabajo de fuerza. La progresión se centra en ejercicios para fortalecer el core, los glúteos y toda la musculatura peritrocantérea. Se busca recuperar la fuerza y el control neuromuscular perdidos.
- Fase 4: Vuelta al deporte (A partir de la semana 16). Es la etapa final y la más esperada. El regreso a la actividad deportiva se realiza de forma gradual, comenzando con gestos específicos del deporte de bajo impacto y aumentando la intensidad solo cuando la fuerza, la estabilidad y la confianza del paciente son óptimas.
Es crucial entender que la rehabilitación no es una carrera. Respetar los tiempos biológicos de cicatrización y seguir las indicaciones de un fisioterapeuta especializado en cadera es la mejor inversión para evitar recaídas y asegurar el éxito a largo plazo.
¿Qué factores influyen en el resultado final?
El pronóstico tras el tratamiento de una rotura de labrum suele ser muy bueno, con un alto porcentaje de pacientes satisfechos que retoman su vida normal. Sin embargo, varios factores pueden influir en el resultado.
- El estado previo del cartílago: Es, probablemente, el factor más determinante. Si en el momento de la cirugía ya existe un desgaste articular importante (artrosis), la recuperación puede tener más limitaciones funcionales.
- El tiempo de evolución de los síntomas: Las lesiones tratadas de forma temprana suelen tener mejores resultados que aquellas que han permanecido sintomáticas durante años, provocando dolor crónico y alterando el patrón de movimiento.
- La edad y el nivel de actividad: Los pacientes más jóvenes y activos tienden a tener una mayor capacidad de recuperación. No obstante, los resultados en pacientes mayores también son excelentes si el caso está bien seleccionado.
- El compromiso con la rehabilitación: Este factor no es negociable. Un compromiso total con el programa de fisioterapia es indispensable. Omitir las pautas es una de las principales causas de resultados subóptimos.
En definitiva, la recuperación de una rotura del labrum de cadera requiere paciencia y constancia. Con el tratamiento adecuado y un plan de rehabilitación individualizado, la gran mayoría de las personas consiguen una reducción drástica del dolor, una mejora funcional significativa y pueden volver a disfrutar de su vida diaria y de su deporte.
Dudas frecuentes sobre la rotura del labrum de cadera
Para concluir esta guía, vamos a resolver algunas de las preguntas más frecuentes que surgen en la consulta sobre la rotura del labrum de la cadera.
¿Una rotura de labrum se puede curar sola?
No, el labrum es un tejido con una capacidad de cicatrización muy limitada, por lo que no se regenera por sí mismo.
Sin embargo, esto no significa que toda rotura requiera cirugía. Si la lesión es pequeña y, fundamentalmente, no hay una causa mecánica (como un choque óseo) que la perpetúe, el cuerpo a menudo puede adaptarse. Con una buena rehabilitación, el dolor puede desaparecer por completo y permitir una vida activa y funcional.
¿Qué ejercicios debería evitar si tengo el labrum roto?
La regla general es evitar cualquier movimiento que provoque la sensación de pinzamiento o dolor agudo en la ingle.
Actividades como las sentadillas profundas, las zancadas con un paso excesivamente largo, o el ciclismo con el sillín muy bajo pueden ser problemáticas. Ciertos estiramientos que fuerzan la flexión y rotación de la cadera también pueden irritar la zona. Lo más importante es aprender a escuchar al cuerpo: si un movimiento causa dolor, debe detenerse o modificarse.
El objetivo no es la inmovilidad, sino el movimiento inteligente. Un fisioterapeuta especializado guiará un programa para fortalecer la musculatura que protege la cadera sin irritar la articulación. Este trabajo es la piedra angular del tratamiento conservador.
¿Se puede llevar una vida normal con una rotura de labrum?
Sí, es posible. Muchos pacientes con diagnóstico de rotura de labrum llevan una vida completamente normal e incluso practican deporte de forma regular.
El éxito depende de factores como el tamaño de la lesión, la ausencia de un conflicto óseo severo y, lo más importante, el compromiso del paciente con un programa de fortalecimiento y control motor. Cuando el tratamiento conservador se implementa y se sigue correctamente, los resultados suelen ser excelentes.
En el equipo del Dr. Luis Ramírez Núñez nos especializamos en alcanzar un diagnóstico exacto y diseñar un plan de tratamiento totalmente individualizado para su dolor de cadera. Para ello, nos apoyamos en la tecnología más avanzada con un único fin: preservar su articulación. Si busca una valoración experta, pide tu cita aquí.



