Radiografía de artrosis de cadera: qué revela sobre tu articulación

La radiografía de artrosis de cadera es una prueba de imagen fundamental y el primer paso para obtener un diagnóstico preciso del estado de la articulación. Aunque no permite visualizar el cartílago directamente, sí muestra con gran claridad las consecuencias de su desgaste sobre la estructura ósea. Esta información es clave para confirmar el diagnóstico y, sobre todo, para determinar el grado de avance del proceso degenerativo.

La radiografía como primer paso para entender tu dolor de cadera

Cuando el dolor de cadera se vuelve persistente y comienza a limitar las actividades diarias, identificar la causa subyacente es la prioridad. En este contexto, la radiografía simple se convierte en una herramienta diagnóstica principal. Es un método eficaz, accesible y proporciona una cantidad de información de gran valor desde la primera evaluación.

La articulación de la cadera se puede comparar a un engranaje de dos piezas (la cabeza del fémur y el acetábulo), recubiertas por un material liso y deslizante: el cartílago articular. La artrosis, en esencia, es el deterioro progresivo de este recubrimiento. La radiografía, aunque no "ve" el cartílago, muestra con notable nitidez los cambios óseos que ocurren cuando esa protección se pierde.

Una profesional médica asiste a un hombre para una radiografía, con una imagen de rayos X de cadera visible.

Un mapa preciso de tu articulación

La imagen radiográfica obtenida funciona como un mapa detallado de la anatomía ósea de la cadera. Permite identificar los signos inequívocos de la artrosis, proporcionando una visión objetiva de la salud articular que complementa la información clínica obtenida a partir de los síntomas referidos por el paciente, como el dolor, la rigidez o la pérdida de movilidad.

Este enfoque es especialmente relevante en la artrosis de cadera, una patología con un impacto significativo en la calidad de vida. En España, su prevalencia alcanza el 5,7% en la población adulta, según datos del estudio EPISER 2021. Aunque es menos frecuente que la artrosis de rodilla o de manos, sus efectos justifican un diagnóstico preciso y temprano. Si desea profundizar, puede consultar el informe completo sobre el impacto de la artrosis en España.

Por qué es la prueba de elección inicial

La radiografía de artrosis de cadera es el estándar de referencia para el diagnóstico inicial por varias razones prácticas, tanto para el médico como para el paciente:

  • Disponibilidad y coste: Es una prueba ampliamente disponible en la mayoría de los centros médicos, con un coste significativamente inferior al de otras técnicas de imagen más complejas.
  • Rapidez y sencillez: El procedimiento es rápido, no invasivo y no requiere preparación especial por parte del paciente.
  • Información suficiente para el diagnóstico: En la gran mayoría de los casos, una radiografía realizada correctamente aporta toda la información necesaria para confirmar la artrosis y valorar su grado de severidad.
  • Seguridad: La dosis de radiación ionizante utilizada es mínima. Los beneficios de obtener un diagnóstico claro superan ampliamente los riesgos asociados, que son extremadamente bajos.

Una radiografía no solo confirma la artrosis. También es una herramienta muy eficaz para descartar otras posibles causas del dolor de cadera, como fracturas por estrés o ciertas patologías óseas.

En definitiva, ante un dolor de cadera persistente, la radiografía es el primer paso que clarifica el diagnóstico. Ofrece al especialista la información objetiva que necesita para entender el proceso patológico y, a partir de ahí, diseñar el plan de tratamiento más adecuado para cada caso.

Para consolidar los conceptos más importantes, se presenta la siguiente tabla resumen.

Tabla: Aspectos clave de la radiografía en la artrosis de cadera

Aspecto Descripción Importancia para el paciente
Prueba inicial Es la primera herramienta de imagen que se solicita para evaluar un dolor de cadera crónico. Ofrece un diagnóstico rápido y fiable sin necesidad de pruebas más complejas o costosas.
¿Qué muestra? No visualiza el cartílago, pero sí los efectos de su desgaste en el hueso (pinzamiento, osteofitos, etc.). Permite entender la causa del dolor y la rigidez, correlacionando los síntomas con cambios estructurales.
Accesibilidad Es una prueba muy extendida, rápida, de bajo coste y con una dosis de radiación muy baja. Es un procedimiento de fácil acceso, con resultados rápidos y un perfil de seguridad muy alto.
Utilidad Confirma el diagnóstico de artrosis, evalúa su severidad y ayuda a descartar otras patologías. Es fundamental para que el médico pueda decidir el mejor tratamiento, ya sea conservador o quirúrgico.

Esta tabla le ayudará a comprender por qué esta prueba es tan importante en el manejo de su patología, siendo el punto de partida para recuperar su calidad de vida.

¿Por qué necesitamos radiografías desde distintos ángulos?

Para obtener una visión completa y fiable de la articulación de la cadera, un estudio radiológico estándar nunca se limita a una única imagen. Es fundamental obtener imágenes desde diferentes posiciones, lo que técnicamente se conoce como proyecciones radiográficas. Este enfoque permite reconstruir una imagen tridimensional de una articulación que, por su naturaleza, es anatómicamente compleja.

Para ilustrarlo, si se quisiera examinar una escultura, no sería suficiente observarla solo de frente. Para apreciar todos sus detalles y contornos, sería necesario rodearla. Con la articulación de la cadera sucede lo mismo. Cada proyección aporta una pieza única de información que, al unirlas, completa el diagnóstico.

Radiografías de cadera mostrando articulaciones y huesos pélvicos. Un médico señala una articulación con un guante.

Las dos proyecciones básicas e imprescindibles para valorar una radiografía de artrosis de cadera son la anteroposterior (AP) de pelvis y la proyección axial, también conocida como lateral.

La vista frontal: proyección anteroposterior (AP) de pelvis

La proyección AP es la vista frontal de la pelvis. Se realiza con el paciente en decúbito supino y ofrece una panorámica general de ambas articulaciones coxofemorales, el sacro y la columna lumbar inferior. Esta imagen es el punto de partida y cumple varias funciones clave:

  • Permite una comparación directa: Al visualizar ambas caderas en la misma imagen, se puede comparar la articulación sintomática con la contralateral (si esta está sana), lo que es crucial para detectar asimetrías o cambios sutiles.
  • Evalúa la alineación general: Informa sobre la cobertura acetabular de la cabeza femoral, un dato vital para identificar alteraciones estructurales como la displasia de cadera.
  • Mide el espacio articular: Es la proyección idónea para medir objetivamente la distancia interósea, que es un indicador indirecto del grosor del cartílago articular remanente.

En definitiva, esta proyección constituye el mapa base sobre el que se analiza la anatomía y el estado general de las caderas.

La vista lateral: proyección axial

Si la proyección AP proporciona la vista frontal, la proyección axial o lateral ofrece el "perfil" de la articulación. Para obtenerla, se solicita al paciente que flexione y separe la pierna, en una posición que se conoce técnicamente como frog-leg view.

Esta segunda imagen no es opcional, sino que resulta crucial porque revela detalles que son completamente invisibles en la vista frontal.

La proyección lateral es fundamental para analizar la morfología de la unión cabeza-cuello femoral. Permite detectar deformidades óseas que pueden ser la causa de un desgaste acelerado del cartílago.

Por ejemplo, esta vista es la más importante para diagnosticar un conflicto femoroacetabular, una patología en la que una alteración morfológica ósea provoca un pinzamiento mecánico que daña progresivamente el cartílago y el labrum. Sin esta proyección lateral, una de las causas más frecuentes de artrosis en pacientes jóvenes podría pasar inadvertida.

En resumen, la combinación de una vista frontal y una lateral no es una redundancia, sino una necesidad diagnóstica. Mientras la proyección AP ofrece una visión global y comparativa, la axial permite analizar la morfología específica de la articulación para identificar la causa del problema. Juntas, proporcionan al especialista toda la información necesaria para emitir un diagnóstico preciso y planificar el tratamiento más adecuado para cada caso.

Los cuatro signos clave que un médico busca en tu radiografía

Cuando un especialista en cadera analiza una radiografía, no busca una única señal, sino un conjunto de hallazgos que, en conjunto, describen el proceso de desgaste de la articulación. En la artrosis de cadera, existen cuatro signos radiológicos clásicos que son fundamentales para confirmar el diagnóstico.

Comprenderlos le ayudará a entender mejor el proceso patológico que afecta a su cadera. Estos signos no aparecen simultáneamente ni con la misma intensidad; su presencia y grado de evolución permiten al médico no solo confirmar la artrosis, sino también determinar su fase.

A continuación, se describen estos cuatro signos cardinales.

1. El estrechamiento del espacio articular

Este es, probablemente, el signo más intuitivo y fundamental de la artrosis. El cartílago articular funciona como una almohadilla entre los dos huesos de la cadera (la cabeza del fémur y el acetábulo). En una cadera sana, este cartílago tiene un grosor considerable, creando un espacio oscuro y bien definido entre ambos huesos en la radiografía.

En una radiografía de artrosis de cadera, uno de los primeros hallazgos es la reducción de este espacio. A medida que el cartílago se desgasta y adelgaza, los huesos se aproximan entre sí.

Este desgaste del cartílago es análogo al de la suela de un zapato. Inicialmente es gruesa y amortigua, pero con el tiempo se adelgaza, perdiendo su capacidad de absorción de impactos. En la cadera, la pérdida de cartílago elimina la amortiguación y puede llevar al roce directo entre los huesos, causando dolor e inflamación.

Este estrechamiento, denominado técnicamente pinzamiento articular, no suele ser uniforme. Habitualmente es más pronunciado en la zona de la articulación que soporta mayor carga, generalmente en la región superoexterna.

2. La formación de osteofitos

El organismo intenta reparar el daño articular. Cuando detecta inestabilidad por la pérdida de cartílago, reacciona intentando estabilizar la articulación mediante la formación de hueso nuevo en los márgenes articulares. Estas excrecencias óseas se denominan osteofitos.

Lejos de ser el problema principal, los osteofitos son una consecuencia del proceso artrósico. Representan el intento del cuerpo por aumentar la superficie de la articulación para distribuir mejor la presión. Sin embargo, su presencia es una señal inequívoca de que la articulación está sufriendo un proceso degenerativo.

Estos osteofitos pueden crecer considerablemente y deformar el contorno normal de la cadera, lo que puede limitar el rango de movimiento y, en algunos casos, provocar un pinzamiento de los tejidos blandos adyacentes, generando más dolor.

3. La esclerosis subcondral

Este término describe el endurecimiento del hueso situado justo debajo del cartílago dañado ("subcondral"). "Esclerosis" se refiere a un aumento de la densidad ósea.

Se puede entender como una respuesta adaptativa del hueso. Al perder la protección amortiguadora del cartílago, el hueso subcondral queda expuesto a presiones y roces anormales. Para soportar esta nueva carga mecánica, reacciona volviéndose más denso y compacto.

En una radiografía, este fenómeno se observa claramente: el hueso afectado aparece significativamente más blanco y brillante que el hueso sano circundante. Esta mayor radiodensidad es un indicador directo de las zonas donde la pérdida de cartílago es máxima.

4. La aparición de quistes o geodas subcondrales

El último de los cuatro signos clásicos son los quistes subcondrales, también conocidos como geodas. Se trata de pequeñas cavidades llenas de líquido sinovial que se forman dentro del hueso, justo debajo de las áreas donde el cartílago está más desgastado.

Su formación se debe a la alta presión intraarticular generada en una articulación artrósica. Pequeñas fisuras en el cartílago dañado permiten que el líquido sinovial (el lubricante natural de la articulación) se filtre hacia el hueso subyacente. La presión del movimiento impulsa este líquido hacia el interior del hueso, creando estas cavidades.

En la radiografía, los quistes se visualizan como áreas oscuras y redondeadas dentro del hueso blanco y esclerótico. Su presencia suele indicar que la artrosis se encuentra en una fase avanzada, con un daño estructural significativo.

Es fundamental entender que este proceso degenerativo es un problema de salud global en aumento. Se estima que la prevalencia mundial de artrosis pasó de 256 millones de personas en 1990 a 607 millones en 2021, lo que supone un incremento del 137%. Para 2060, se proyecta que el número total de personas con artrosis alcanzará los 765 millones. Datos relevantes muestran que un Índice de Masa Corporal elevado es responsable del 20,73% de los años de vida ajustados por discapacidad debidos a la artrosis a nivel mundial. Puede leer más sobre estas proyecciones y sus causas00163-7/fulltext) para entender la magnitud del problema.

El análisis conjunto de estos cuatro signos —el estrechamiento del espacio, los osteofitos, la esclerosis y los quistes— proporciona al especialista un diagnóstico completo y fiable, permitiéndole clasificar la severidad de la artrosis y trazar el mejor plan de tratamiento.

Cómo se mide la gravedad de la artrosis: la escala de Kellgren-Lawrence

Una vez identificados los cuatro signos clave en la radiografía de artrosis de cadera, el siguiente paso es cuantificar el grado de afectación. Para ello se utiliza un sistema de clasificación objetivo que permite estandarizar la evaluación de la severidad del daño. Esto es crucial para decidir la estrategia terapéutica más adecuada. El sistema más utilizado es la escala de Kellgren-Lawrence.

Este sistema clasifica la artrosis en una escala del 0 al 4, donde cada número representa un grado de degeneración mayor que el anterior. La clasificación se basa directamente en los hallazgos radiográficos, principalmente en el estrechamiento del espacio articular y la presencia de osteofitos.

Conocer cada grado le ayudará a contextualizar su diagnóstico y a comprender mejor las decisiones terapéuticas.

Los grados de Kellgren-Lawrence, uno por uno

Esta escala permite asignar un grado de severidad a la artrosis, convirtiendo una imagen en una valoración estructurada y universalmente reconocida. Cada grado tiene unas características específicas:

  • Grado 0 (Sin artrosis): La radiografía no muestra signos de artrosis. No hay hallazgos degenerativos, el espacio articular está conservado y no se observan osteofitos. Corresponde a una articulación radiológicamente sana.

  • Grado 1 (Artrosis dudosa): Se observan cambios incipientes. Puede haber un dudoso estrechamiento del espacio articular o una posible formación de osteofitos mínimos. Es una fase tan inicial que su confirmación puede ser difícil basándose únicamente en la radiografía.

  • Grado 2 (Artrosis leve): El diagnóstico es definitivo. Se aprecian osteofitos bien definidos, aunque el espacio articular está conservado o solo mínimamente reducido. Este es el punto en el que se puede afirmar con certeza la presencia de artrosis.

  • Grado 3 (Artrosis moderada): El desgaste es evidente. El espacio articular está claramente disminuido y los osteofitos suelen ser de mayor tamaño. Es habitual que comience a aparecer también la esclerosis subcondral.

  • Grado 4 (Artrosis severa): Es el estadio más avanzado. El espacio articular está muy reducido o ha desaparecido, pudiendo existir contacto directo hueso con hueso. Los osteofitos son grandes, la esclerosis es marcada y a menudo se observan quistes y una deformidad significativa de la cabeza femoral.

Esta imagen resume los signos radiológicos que se evalúan para determinar el grado de artrosis.

Diagrama que muestra los signos radiológicos clave: espacio articular, osteofitos y esclerosis subarticular.

El análisis visual de estos elementos —la distancia interósea, el tamaño de los osteofitos y la densidad del hueso— es lo que permite al especialista asignar un grado en la escala.

La radiografía es una guía, no una sentencia

Es fundamental subrayar un aspecto clave. La clasificación de Kellgren-Lawrence es una herramienta excelente para describir los hallazgos de una imagen, pero no es el único factor que determina el tratamiento.

La correlación entre el grado radiológico y la sintomatología del paciente no siempre es directa. Existen pacientes con una artrosis grado 4 que refieren un dolor manejable y mantienen una buena función, y otros con un grado 2 que experimentan una limitación funcional muy importante.

Esto significa que la decisión terapéutica final siempre es una combinación de factores. Por un lado, están los datos objetivos de la radiografía de artrosis de cadera. Por otro, y con igual importancia, está la experiencia subjetiva del paciente: la intensidad del dolor, el grado de limitación funcional, su edad, sus expectativas y su estado de salud general.

En la práctica clínica, se integran ambas piezas del puzle. No se trata una radiografía, se trata a una persona. El grado de Kellgren-Lawrence proporciona el mapa del daño estructural, pero son los síntomas y los objetivos del paciente los que marcan la ruta a seguir.

Lo que la radiografía no nos cuenta y cuándo necesitamos ir más allá

La radiografía de la cadera es una herramienta diagnóstica excepcional para evaluar el estado de los huesos. Ofrece una imagen clara de la estructura ósea y de los cambios degenerativos. Sin embargo, como cualquier tecnología, tiene sus limitaciones. Es fundamental entender que esta prueba solo muestra una parte de la historia de la articulación.

Una radiografía funciona proyectando rayos X a través del cuerpo. El hueso, al ser muy denso, absorbe la mayor parte de estos rayos y por eso se ve blanco en la imagen. En cambio, los tejidos blandos como músculos, tendones y, sobre todo, el cartílago, son mucho menos densos y no se visualizan con claridad.

Esta es su principal limitación: la radiografía no puede "ver" directamente los tejidos blandos.

¿Qué estructuras clave son invisibles en una radiografía?

Al analizar una placa de cadera, hay componentes vitales de la articulación que permanecen "invisibles". Con frecuencia, el estado de estas estructuras es clave para entender completamente la sintomatología del paciente.

  • El cartílago articular: Aunque se infiere su desgaste al medir el estrechamiento del espacio articular, no se visualiza el cartílago en sí. No es posible evaluar directamente su calidad ni detectar lesiones focales o fisuras que ya estén causando dolor.
  • El labrum acetabular: Es un anillo de fibrocartílago que rodea la cavidad de la cadera, proporcionando estabilidad. Una rotura del labrum es una causa frecuente de dolor y es completamente invisible en una radiografía.
  • Músculos y tendones: La salud de la musculatura que rodea la cadera, como los glúteos o el psoas, es vital. Las tendinitis o las roturas tendinosas, que pueden provocar un dolor similar al de la artrosis, no se detectan con esta prueba.
  • La inflamación de la sinovial: La membrana sinovial recubre la articulación y produce el líquido lubricante. Su inflamación (sinovitis) causa un dolor intenso. Este proceso inflamatorio no es visible en una radiografía.
  • El edema óseo: En ocasiones, el hueso sufre un proceso inflamatorio interno, similar a un "hematoma". Este edema óseo puede ser un signo de alerta temprano en patologías como la necrosis avascular, pero solo pruebas más avanzadas pueden detectarlo.

Una radiografía es como ver la silueta de un coche. Podemos identificar una abolladura en la carrocería, pero no podemos saber el estado del motor o del sistema eléctrico sin abrir el capó. Para eso, se necesitan otras herramientas diagnósticas.

Cuando la imagen no coincide con el dolor

Debido a estas limitaciones, a veces existe una disociación clínico-radiológica. Un paciente puede presentar un dolor intenso e incapacitante, pero su radiografía mostrar solo una artrosis leve (grado 2 de Kellgren-Lawrence). O a la inversa, se puede observar una radiografía con un desgaste severo que, sorprendentemente, apenas causa molestias.

En estos casos, o cuando se sospecha que el origen del problema está en los tejidos blandos, es imprescindible complementar el estudio.

  • Resonancia Magnética (RM): Es la prueba de referencia para visualizar los tejidos blandos. Ofrece un nivel de detalle extraordinario del cartílago, el labrum, los tendones y los músculos. Es la herramienta clave para diagnosticar roturas de labrum, tendinopatías o las fases iniciales de una necrosis avascular.
  • Tomografía Computarizada (TC o escáner): Esta prueba utiliza rayos X para crear imágenes transversales muy detalladas del hueso. Es especialmente útil para evaluar la anatomía ósea en tres dimensiones, algo fundamental en la planificación de cirugías complejas como una osteotomía periacetabular o la colocación precisa de una prótesis.

La decisión de solicitar estas pruebas adicionales se basa en una evaluación clínica cuidadosa de los síntomas y en la sospecha diagnóstica del especialista. Integrar la información de la radiografía con una RM o un TC permite obtener un mapa completo de la articulación y diseñar un plan de tratamiento verdaderamente personalizado y eficaz.

Cómo se traduce tu radiografía en un plan de tratamiento

Una vez establecido el diagnóstico y conocido el grado de desgaste, la pregunta fundamental es: ¿cuál es el siguiente paso? La radiografía de la artrosis de cadera actúa como una brújula que orienta la dirección terapéutica. Sin embargo, no es el único factor para trazar el camino a seguir. La decisión final siempre surge de una evaluación detallada que integra los datos objetivos de la imagen con la experiencia personal del paciente.

El objetivo nunca es tratar una imagen, sino a la persona que sufre dolor y ve su calidad de vida limitada. Por ello, el plan de tratamiento debe ser individualizado.

Un médico explica una radiografía de cadera a una paciente atenta, mostrando la imagen en una tableta.

Tratamientos conservadores para la artrosis leve a moderada

Si la radiografía muestra un desgaste leve o moderado (correspondiente a un grado Kellgren-Lawrence 1 o 2), y los síntomas han comenzado a manifestarse, el primer escalón terapéutico es siempre el tratamiento conservador. El objetivo es aliviar el dolor, mejorar la función de la cadera y ralentizar la progresión del desgaste.

Las principales estrategias incluyen:

  • Fisioterapia: Un programa de ejercicios bien diseñado es fundamental. Se enfoca en fortalecer de manera específica la musculatura que estabiliza la cadera, como los glúteos.
  • Modificación de la actividad: Consiste en adaptar las actividades diarias y deportivas para reducir las cargas de impacto sobre la articulación. Esto no implica inactividad, sino una gestión inteligente del ejercicio físico.
  • Infiltraciones: Las inyecciones intraarticulares de ácido hialurónico o plasma rico en plaquetas (PRP) pueden ayudar a lubricar la articulación, reducir la inflamación y aliviar el dolor.

Cuándo se considera la opción quirúrgica

La cirugía, como la artroplastia total de cadera, se plantea cuando las medidas conservadoras ya no son suficientes para controlar los síntomas. Esto suele ocurrir en casos de artrosis severa, clasificada como Kellgren-Lawrence 4, donde el dolor se vuelve incapacitante y deteriora gravemente la calidad de vida.

Es importante entender la dimensión del problema. Se estima que en España se destinan 5.000 millones de euros anuales al tratamiento de esta patología, con un gasto medio que supera los 12.000 euros por paciente al año. A pesar de esta inversión, hasta un 70% de los pacientes no están satisfechos con el control de su enfermedad. Puede conocer más datos sobre la artrosis en España para entender la magnitud de este desafío.

El factor decisivo para la cirugía no es únicamente el hallazgo radiográfico, sino cómo la artrosis afecta la capacidad del paciente para realizar actividades básicas como caminar, subir escaleras o dormir.

La decisión quirúrgica es un paso importante que se toma de forma consensuada. Se evalúa la imagen radiológica, pero también la edad del paciente, su nivel de actividad previo y sus expectativas. El objetivo final es restaurar la función perdida y eliminar el dolor.

Dudas habituales sobre la radiografía de cadera

Para finalizar, es natural que surjan preguntas prácticas sobre la prueba. A continuación, se resuelven algunas de las dudas más frecuentes que plantean los pacientes, con respuestas claras y concisas.

¿Necesito alguna preparación especial para la prueba?

En la mayoría de los casos, no. Una radiografía simple de cadera es un procedimiento directo, rápido e indoloro que no requiere ayuno ni medicación previa.

La única indicación es retirar cualquier objeto metálico de la zona pélvica (cinturones, cremalleras, joyas). Además, es fundamental informar al técnico si existe cualquier posibilidad de embarazo.

¿La radiación que se utiliza es peligrosa?

Esta es una preocupación común, pero infundada en este contexto. La dosis de radiación empleada en una radiografía de cadera es mínima y se considera muy segura para un adulto.

Los equipos de radiología modernos están diseñados para utilizar la mínima dosis de radiación necesaria para obtener una imagen de alta calidad diagnóstica. Los beneficios de conseguir un diagnóstico preciso superan ampliamente el riesgo asociado, que es extremadamente bajo.

Si mi radiografía muestra artrosis, ¿significa que necesito una prótesis?

No, en absoluto. Es crucial aclarar que un diagnóstico radiológico de artrosis no equivale a una indicación quirúrgica. La radiografía es solo una pieza del puzle. La decisión sobre el tratamiento se basa, fundamentalmente, en los síntomas del paciente: el nivel de dolor y, sobre todo, su impacto en la vida diaria.

Muchos pacientes con artrosis moderada en sus radiografías logran un manejo eficaz de sus síntomas durante años mediante tratamientos conservadores, como fisioterapia, modificación del estilo de vida o infiltraciones articulares. La cirugía solo se plantea como opción cuando estas estrategias ya no son suficientes para mantener una buena calidad de vida sin dolor.


Como especialista, entiendo que cada caso es único y debe ser evaluado más allá de una imagen. Si padece dolor de cadera o ha sido diagnosticado de artrosis y busca una opinión experta y un plan de tratamiento personalizado, le invito a solicitar una cita.

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