Tratamiento artrosis de cadera: guía para recuperar movilidad

El tratamiento para la artrosis de cadera abarca desde opciones conservadoras, como la fisioterapia y los fármacos, hasta soluciones quirúrgicas avanzadas como la prótesis. El objetivo final es siempre aliviar el dolor, restaurar la movilidad y recuperar la calidad de vida. Para ello, es fundamental elegir la estrategia terapéutica correcta para cada caso particular.

Entendiendo la artrosis de cadera y sus causas

La artrosis de cadera, o coxartrosis, es un proceso degenerativo que afecta a la articulación que conecta el fémur con la pelvis. Esta articulación soporta nuestro peso y nos permite movimientos esenciales como caminar o sentarnos. El problema se origina cuando el cartílago articular, el tejido protector que recubre los extremos óseos, comienza a deteriorarse.

Médico asiático muestra radiografía de codo en una tableta a paciente mayor explicando el tratamiento.

El cartílago es una superficie lisa y elástica que permite que los huesos se deslicen sin fricción. En la artrosis, este tejido se vuelve más fino y rugoso, perdiendo sus propiedades amortiguadoras. Como resultado, los huesos rozan entre sí, lo que provoca el dolor, la inflamación y la rigidez característicos de la enfermedad.

Este proceso es de evolución lenta y progresiva, y puede tardar años en manifestar síntomas claros. El más común suele ser un dolor localizado en la ingle, que en ocasiones se irradia hacia el muslo y la rodilla.

Factores que aceleran el desgaste de la articulación

Aunque la edad es un factor de riesgo importante, no es la única causa. Existen varios elementos que pueden acelerar la aparición de la coxartrosis. Conocerlos es fundamental para enfocar adecuadamente tanto el tratamiento como la prevención.

Los factores más comunes son:

  • Predisposición genética: La existencia de antecedentes familiares de artrosis aumenta la probabilidad de desarrollar la patología.
  • Anomalías anatómicas de la cadera: Alteraciones como la displasia de cadera o el choque femoroacetabular modifican la biomecánica natural de la articulación, provocando un desgaste prematuro del cartílago.
  • Traumatismos previos: Una fractura o un traumatismo severo en la cadera pueden dañar el cartílago y, con el tiempo, desencadenar un proceso artrósico secundario.
  • El sobrepeso y la obesidad: El exceso de peso corporal aumenta la carga mecánica sobre las caderas, lo que acelera significativamente el deterioro del cartílago articular.

La artrosis de cadera tiene un impacto considerable en España. Según el estudio EPISER 2016, su prevalencia se estimó en un 5,13% de la población, cifra que ascendió al 5,7% en 2021. Este incremento está estrechamente relacionado con el envejecimiento poblacional y subraya la necesidad de tratamientos cada vez más efectivos y personalizados. Puede consultar más datos sobre la prevalencia de la artrosis sintomática en España en esta investigación.

Identificar estos factores es el primer paso para establecer un diagnóstico preciso y diseñar un plan de tratamiento para la artrosis de cadera que no solo alivie los síntomas, sino que, en la medida de lo posible, aborde la causa subyacente del problema.

Ante un diagnóstico de artrosis de cadera, el tratamiento inicial no suele ser quirúrgico. El objetivo primario es controlar el dolor, ralentizar la progresión del desgaste y mejorar la funcionalidad sin necesidad de una intervención. Este enfoque, conocido como tratamiento conservador, constituye la primera línea de defensa y se basa en una combinación de estrategias personalizadas.

Para diseñar este plan, partimos de un diagnóstico preciso que incluye una exploración física exhaustiva y pruebas de imagen, como las radiografías. A partir de ahí, se estructura un tratamiento integral.

Fisioterapeuta ayudando a una mujer mayor con ejercicios de rehabilitación de cadera en una clínica.

El tratamiento no quirúrgico para la artrosis de cadera no es una solución única, sino un conjunto de medidas que actúan de forma sinérgica. Su eficacia reside en la correcta combinación de estas para aliviar la carga sobre la articulación y proporcionar una mejoría funcional duradera.

Modificación del estilo de vida y control del peso

El primer paso, y uno de los más eficaces, es la adaptación de las rutinas diarias. El exceso de peso ejerce una presión multiplicada sobre la cadera durante la marcha. Por ello, una pérdida de peso controlada puede reducir el dolor de forma significativa y disminuir la velocidad de progresión de la artrosis.

Además del control del peso, es clave modificar ciertas actividades. Esto no implica renunciar a una vida activa, sino adaptarla. Por ejemplo, sustituir deportes de alto impacto (como correr) por alternativas de bajo impacto articular (natación, ciclismo o caminar por terreno llano) puede suponer una gran diferencia.

Estos cambios reducen la tensión mecánica sobre el cartílago dañado, permitiendo que la articulación trabaje de una forma menos agresiva y, por tanto, menos dolorosa.

Fisioterapia: el pilar del movimiento

La fisioterapia es una pieza fundamental del tratamiento conservador. Un fisioterapeuta cualificado diseñará un programa de ejercicios personalizado con dos objetivos principales: fortalecer la musculatura que soporta la cadera y mejorar la flexibilidad y el rango de movimiento articular.

La musculatura periarticular (especialmente glúteos y cuádriceps) actúa como un sistema de amortiguación natural. Un buen tono muscular permite absorber mejor los impactos que, de otro modo, recaerían directamente sobre la articulación.

Los programas de fisioterapia suelen incluir una combinación de:

  • Ejercicios de fortalecimiento: Movimientos controlados para potenciar los músculos que estabilizan la cadera.
  • Ejercicios de estiramiento: Para combatir la rigidez y facilitar gestos cotidianos.
  • Ejercicios de bajo impacto: Actividades como la bicicleta estática o la elíptica, que mejoran la salud cardiovascular sin sobrecargar la articulación.

La intervención temprana es especialmente importante en ciertos grupos demográficos. Los estudios demuestran que la prevalencia de la artrosis es mayor en mujeres (52% frente al 29% en hombres) y su incidencia aumenta con la edad, llegando a afectar al 80% de los mayores de 65 años si consideramos la artrosis en general. Puede leer más sobre cómo crece la artrosis con la edad y la importancia del diagnóstico precoz.

Tratamiento farmacológico para el control de los síntomas

El control del dolor es una prioridad, y para ello se recurre a fármacos de forma escalonada y siempre bajo supervisión médica.

La primera opción suele ser un analgésico como el paracetamol para dolores leves. Si existe un componente inflamatorio evidente, los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como el ibuprofeno, pueden ser más eficaces. Es fundamental utilizarlos en periodos cortos y a la dosis mínima eficaz para minimizar sus efectos secundarios.

Estos medicamentos no curan la artrosis, pero son herramientas valiosas para controlar los brotes de dolor agudo, permitiendo así continuar con el programa de fisioterapia y mantener un estilo de vida activo. Esta combinación de pilares —modificación del estilo de vida, fisioterapia y un control farmacológico racional— conforma la base del tratamiento conservador, una estrategia que puede mejorar la calidad de vida de manera notable.

A continuación, se presenta una tabla que resume las opciones de tratamiento conservador más comunes.

Comparativa de tratamientos conservadores para la artrosis de cadera

Esta tabla resume los principales tratamientos no quirúrgicos, su objetivo principal, cuándo están indicados y qué resultados se pueden esperar.

Tratamiento Objetivo Principal Indicado para Resultados Esperados
Fisioterapia y Ejercicio Fortalecer la musculatura, mejorar la flexibilidad y reducir la carga articular. Todos los estadios de la artrosis, especialmente en fases iniciales a moderadas. Reducción del dolor, mejora de la función y ralentización de la progresión.
Control de Peso Disminuir la presión mecánica sobre la articulación de la cadera. Pacientes con sobrepeso u obesidad. Alivio significativo del dolor, mejora de la movilidad y menor desgaste articular.
Fármacos (AINEs, analgésicos) Controlar el dolor y la inflamación, especialmente durante los brotes. Fases de dolor agudo o persistente que limita la actividad. Alivio sintomático a corto plazo que permite mantener la funcionalidad.

Como se observa, cada tratamiento tiene su indicación y propósito. La clave del éxito en la fase conservadora es encontrar la combinación adecuada para cada paciente y mantener la constancia en su aplicación.

Opciones intermedias: ¿qué hacer cuando la fisioterapia no es suficiente?

Cuando las medidas iniciales, como la fisioterapia o la modificación del estilo de vida, ya no logran controlar el dolor, es común pensar que la cirugía es la única alternativa. Sin embargo, existe un escalón intermedio: las infiltraciones articulares, procedimientos mínimamente invasivos que pueden proporcionar un alivio significativo y mejorar la calidad de vida.

La técnica consiste en inyectar sustancias con fines terapéuticos directamente en la articulación de la cadera. Su principal ventaja es la acción local, que maximiza el efecto en la zona afectada y minimiza los efectos secundarios sistémicos. Son una herramienta fundamental dentro del tratamiento para la artrosis de cadera en sus fases moderadas.

Las infiltraciones actúan de diferentes maneras: algunas reducen la inflamación (corticoides), otras mejoran la lubricación articular (ácido hialurónico) y otras buscan estimular los mecanismos de reparación tisular (terapias biológicas).

Infiltraciones con corticoides para un alivio rápido de la inflamación

Las infiltraciones con corticoides son una de las opciones más utilizadas. Su objetivo principal es reducir la inflamación de forma potente y rápida. Cuando la articulación presenta un brote agudo de dolor asociado a sinovitis (inflamación de la membrana sinovial), los corticoides actúan como un potente antiinflamatorio local.

El alivio sintomático suele ser rápido, a menudo en 24-48 horas, y puede ser muy significativo. No obstante, su efecto es temporal, con una duración que puede variar desde unas pocas semanas hasta varios meses.

Es crucial entender que los corticoides son una solución para controlar episodios agudos de inflamación, no un tratamiento curativo. Su uso repetitivo no es recomendable, ya que a largo plazo podrían tener efectos deletéreos sobre el cartílago residual.

Su principal utilidad es crear una "ventana terapéutica", un periodo con menor dolor que permite al paciente participar de forma más efectiva en su programa de fisioterapia y fortalecimiento muscular.

Viscosuplementación: lubricación articular con ácido hialurónico

Otra opción terapéutica es la viscosuplementación, que consiste en la infiltración de ácido hialurónico. Esta sustancia es un componente natural del líquido sinovial, el lubricante fisiológico de las articulaciones. En la artrosis, la calidad y concentración de este líquido disminuyen.

Al inyectar ácido hialurónico, se busca restaurar las propiedades viscoelásticas del líquido sinovial, mejorando la lubricación y la capacidad de amortiguación de la articulación. El objetivo es reducir la fricción entre las superficies óseas, lo que se traduce en una disminución del dolor y una mejora de la movilidad.

A diferencia de los corticoides, el efecto del ácido hialurónico es más progresivo. Los beneficios comienzan a notarse tras algunas semanas y pueden prolongarse durante varios meses. Se considera una opción segura para la artrosis de cadera de grado leve a moderado.

Plasma rico en plaquetas (PRP): una terapia biológica para estimular la reparación

El plasma rico en plaquetas (PRP) representa un enfoque biológico que utiliza los propios recursos del organismo para promover la reparación de tejidos. El procedimiento consiste en:

  1. La extracción de una pequeña muestra de sangre del propio paciente.
  2. El procesamiento de la sangre mediante centrifugación para separar sus componentes y obtener una fracción de plasma con una alta concentración de plaquetas.
  3. La inyección de este plasma enriquecido directamente en la articulación de la cadera.

La base científica de esta terapia radica en que las plaquetas liberan una gran cantidad de factores de crecimiento que pueden modular la inflamación y estimular los procesos de reparación naturales del cuerpo. Aunque la evidencia científica continúa consolidándose, muchos pacientes experimentan una mejoría clínica en el dolor y la función.

La elección entre una u otra opción de infiltración depende del grado de artrosis, la presencia de inflamación y las características individuales del paciente. El especialista valorará cada caso para determinar qué tipo de infiltración puede ofrecer mayores beneficios como parte de un plan de tratamiento integral.

Cuándo considerar la cirugía de cadera

En la evolución de la artrosis de cadera, puede llegar un punto en que los tratamientos conservadores ya no son suficientes para controlar los síntomas. Cuando el dolor se vuelve persistente, la rigidez limita significativamente la movilidad y actividades cotidianas se convierten en un desafío, el tratamiento quirúrgico para la artrosis de cadera se convierte en una opción necesaria.

La decisión de operar no se basa únicamente en los hallazgos radiográficos, sino en una evaluación conjunta entre el paciente y el cirujano, donde el factor determinante es el impacto de la enfermedad en la calidad de vida. Si el dolor interrumpe el sueño, impide caminar una distancia funcional o ha forzado el abandono de actividades importantes, es el momento de considerar una nueva estrategia terapéutica.

La cirugía no es la primera opción, sino la solución definitiva cuando el resto de tratamientos han fracasado y la calidad de vida del paciente está seriamente comprometida.

Señales clave que indican que la cirugía es el siguiente paso

Identificar el momento adecuado para la cirugía es crucial. No se trata solo de la intensidad del dolor, sino de un conjunto de factores que indican que la articulación ha alcanzado su límite funcional. Estas son algunas señales de alarma:

  • Dolor persistente y severo: Un dolor que no responde adecuadamente a analgésicos o antiinflamatorios y que está presente incluso en reposo o durante la noche.
  • Pérdida de movilidad importante: Una rigidez tan marcada que limita actividades básicas como vestirse, entrar y salir de un vehículo o subir escaleras.
  • Impacto significativo en la calidad de vida: Renuncia a aficiones, afectación de la vida social o un impacto negativo en el estado de ánimo debido al dolor crónico.
  • Fracaso de otros tratamientos: Cuando la fisioterapia, el control de peso, los fármacos y las infiltraciones ya no proporcionan un alivio suficiente o duradero.

El siguiente esquema ayuda a visualizar la progresión de las opciones terapéuticas, donde las infiltraciones se agotan antes de plantear una solución quirúrgica.

Diagrama de decisiones para tratamientos de infiltración en dolor articular, tendinoso, inflamación y desgaste.

Como se muestra en el diagrama, herramientas como los corticoides, el ácido hialurónico o el PRP son valiosas, pero tienen un límite. Cuando dejan de ser efectivas, la cirugía se convierte en el paso lógico a seguir.

Tipos de cirugía para la artrosis de cadera

No existe un único procedimiento quirúrgico válido para todos los casos. La elección de la técnica adecuada depende de la edad del paciente, su nivel de actividad, la anatomía de su cadera y el grado de degeneración articular. Cada técnica tiene un objetivo específico y está diseñada para un perfil de paciente determinado. A continuación, se exploran las opciones más comunes.

Guía de procedimientos quirúrgicos para la artrosis de cadera

Esta tabla comparativa resume las principales técnicas quirúrgicas, el perfil del candidato ideal y los objetivos de cada una, proporcionando una visión general de las opciones disponibles.

Procedimiento Quirúrgico Candidato Ideal Objetivo de la Cirugía Tipo de Anestesia Tiempo de Recuperación Estimado
Hip Scope Pacientes jóvenes con artrosis inicial, pinzamiento femoroacetabular o lesión de labrum. Corregir problemas mecánicos para retrasar la progresión del desgaste y aliviar el dolor. General o regional. 4-6 meses para volver a la actividad deportiva.
Osteotomía Periacetabular (PAO) Pacientes jóvenes (menos de 40 años) con displasia de cadera y poco desgaste. Preservar la articulación original corrigiendo la anatomía del hueso pélvico para mejorar la cobertura y redistribuir la carga. General. 6-12 meses para una recuperación completa.
Prótesis Total de Cadera Pacientes con artrosis avanzada y dolor incapacitante que no responde a otros tratamientos, sin límite de edad. Eliminar el dolor y restaurar la función reemplazando la articulación dañada por implantes artificiales. General o raquídea. 3-6 meses para retomar la mayoría de actividades.
Prótesis de Superficie (Resurfacing) Hombres jóvenes (<55 años) muy activos con buena calidad ósea y artrosis avanzada. Similar a la prótesis total pero conservando más hueso del fémur, ideal para un posible recambio futuro. General o raquídea. 3-6 meses, con un retorno más rápido a deportes de impacto.

Esta tabla ayuda a visualizar las diferencias clave. Cada procedimiento tiene su indicación precisa, y la elección correcta es fundamental para lograr resultados óptimos.

La gestión económica de esta patología es un factor a tener en cuenta. El tratamiento de la artrosis de cadera tiene un coste anual superior a los 12.000 euros por paciente en España, sumando costes directos e indirectos. A pesar de esta inversión, se estima que el 50% de los pacientes no tiene un buen control del dolor. Estos datos, que puedes explorar en profundidad en este análisis sobre el impacto de la artrosis en España, refuerzan la importancia de acertar con el momento y la técnica quirúrgica para optimizar los resultados.

Tomar la decisión de someterse a una cirugía de cadera es un paso importante. Sin embargo, cuando se realiza en el momento adecuado y con la técnica correcta, puede significar el fin de un largo periodo de dolor y el comienzo de una nueva etapa con mayor movilidad y una mejor calidad de vida.

El rol de la tecnología en la cirugía moderna de cadera

La cirugía de cadera ha experimentado una notable evolución en los últimos años, incorporando herramientas tecnológicas que permiten una precisión milimétrica. Esta tecnología es un aliado clave para el cirujano, ya que optimiza cada fase del procedimiento, desde la planificación preoperatoria hasta la ejecución intraoperatoria.

Doctor examinando modelo 3D de articulación de cadera en tableta para tratamiento de artrosis.

El objetivo de estas innovaciones es aumentar la seguridad, asegurar una colocación óptima de los implantes y ofrecer a los pacientes resultados más predecibles y una recuperación más rápida. Este enfoque es fundamental en el tratamiento para la artrosis de cadera en la actualidad.

Planificación quirúrgica 3D: un mapa virtual de la anatomía del paciente

Un avance significativo es la planificación preoperatoria tridimensional. Tradicionalmente, la planificación se basaba en radiografías bidimensionales, lo que limitaba la comprensión completa de una anatomía compleja.

La planificación 3D, a partir de una tomografía computarizada (TC) de la pelvis, permite crear un modelo virtual exacto de la anatomía del paciente. Sobre este modelo, es posible simular la cirugía en el ordenador días antes de la intervención real.

Este "gemelo digital" permite realizar mediciones con precisión submilimétrica, seleccionar el tamaño y tipo de implante que mejor se adapte a la anatomía del paciente y anticipar posibles dificultades técnicas. Es un proceso análogo a la construcción de una maqueta detallada por parte de un arquitecto antes de iniciar una obra.

Este método no solo aumenta la precisión, sino que también contribuye a reducir el tiempo quirúrgico. Una planificación detallada permite que el procedimiento en quirófano sea más fluido y eficiente, lo que se traduce en un menor tiempo de anestesia y una recuperación inicial más sencilla para el paciente.

Guías personalizadas: la precisión llevada al quirófano

Para trasladar la precisión de la planificación virtual al acto quirúrgico, se utilizan las guías quirúrgicas personalizadas, una aplicación de la impresión 3D en la medicina.

Una vez finalizada la planificación virtual, se diseñan e imprimen en 3D guías específicas que se adaptan perfectamente a la anatomía ósea del paciente. Estas guías funcionan como una plantilla que se coloca sobre el hueso durante la cirugía.

Estas plantillas incorporan ranuras u orificios que indican al cirujano la localización y el ángulo exactos para realizar los cortes óseos o colocar los implantes, de acuerdo con el plan preestablecido. Esto minimiza la variabilidad dependiente del factor humano y asegura que la ejecución sea un fiel reflejo de la planificación.

El uso de estas herramientas tecnológicas en el tratamiento de la artrosis de cadera representa un salto cualitativo, ofreciendo una cirugía más segura, personalizada y con resultados más fiables a largo plazo.

Su plan de recuperación tras una cirugía de cadera

La cirugía es una parte fundamental en el tratamiento de la artrosis de cadera, pero el éxito a largo plazo depende en gran medida del periodo postoperatorio. La rehabilitación no es una fase pasiva, sino una etapa activa y crucial donde la implicación del paciente, guiada por un plan bien estructurado, es tan decisiva como la propia intervención.

El objetivo de esta fase es la eliminación del dolor, la recuperación de un rango de movimiento funcional, el fortalecimiento de la musculatura de soporte y, en última instancia, la reanudación de la marcha de forma segura.

El proceso es progresivo y se divide en etapas definidas, cada una con sus propios objetivos y ejercicios. Comprender qué esperar en cada momento facilita la adherencia al tratamiento y el control sobre la propia recuperación.

Los primeros días en el hospital

La rehabilitación comienza de forma precoz, habitualmente a las pocas horas de la cirugía. La movilización temprana es vital para prevenir complicaciones y acelerar el proceso de recuperación.

Bajo la supervisión de un fisioterapeuta, se inician ejercicios sencillos:

  • Movimientos en cama: Ejercicios como la flexo-extensión de los tobillos para activar la circulación venosa.
  • Sedestación: Sentarse al borde de la cama es un primer paso para recuperar la verticalidad.
  • Bipedestación y primeros pasos: Con la ayuda de un andador y del personal sanitario, se inicia la carga de peso y la deambulación.

El objetivo en esta fase inicial no es la resistencia, sino reactivar la musculatura y adaptar el cuerpo a la nueva articulación, así como aprender a realizar transferencias (de la cama a la silla) de forma segura.

La rehabilitación en casa: ganando fuerza y movilidad

Una vez en el domicilio, comienza la fase más intensiva de la rehabilitación. Un protocolo de fisioterapia personalizado es imprescindible. El fisioterapeuta diseñará un programa de ejercicios progresivo en intensidad a medida que se gana fuerza y confianza.

El plan se centrará en tres pilares:

  1. Recuperación del rango de movimiento: Mediante estiramientos suaves y ejercicios específicos, se busca recuperar la movilidad de la cadera dentro de los límites seguros.
  2. Fortalecimiento muscular: Es fundamental potenciar los glúteos, el cuádriceps y los músculos abductores para dar estabilidad a la nueva articulación.
  3. Reeducación de la marcha: Se trabaja para corregir patrones de marcha anómalos (cojera) adquiridos a causa del dolor preoperatorio.

Es crucial seguir las indicaciones del equipo médico y de fisioterapia sin intentar acelerar el proceso. Cada ejercicio tiene su momento y su propósito. Una progresión demasiado rápida puede generar complicaciones.

Expectativas realistas y la vuelta a la normalidad

La recuperación completa es un proceso individual y requiere tiempo. Por lo general, a las 6-8 semanas es posible caminar sin ayudas técnicas (muletas) y realizar la mayoría de las actividades de la vida diaria. La conducción suele reanudarse entre las 4 y 6 semanas.

El retorno a deportes de bajo impacto, como la natación o el ciclismo, suele ser posible alrededor de los 3 meses. Para actividades más exigentes, el plazo puede extenderse hasta los 6-12 meses, dependiendo de la progresión individual y del tipo de cirugía realizada.

La paciencia y la constancia son clave en este proceso. El seguimiento disciplinado del plan de rehabilitación no solo asegura la recuperación funcional de la cadera, sino que también contribuye a la longevidad del implante.

Resolvemos sus dudas sobre el tratamiento de la artrosis de cadera

Para finalizar esta guía, se recogen algunas de las preguntas más frecuentes en la consulta, con respuestas basadas en la evidencia científica y la experiencia clínica.

¿Cuánto tiempo dura una prótesis de cadera?

La durabilidad de las prótesis de cadera ha mejorado de forma espectacular. Gracias a los materiales modernos, como las cerámicas de última generación y los polietilenos de alta reticulación, las tasas de supervivencia de los implantes superan el 80-90% a los 20 años de seguimiento.

En muchos casos, esta duración puede ser incluso mayor. La longevidad final depende de factores como la edad del paciente, su nivel de actividad y la precisión de la técnica quirúrgica. Se trata de una solución a largo plazo para mejorar la calidad de vida.

¿Cuándo podré volver a conducir después de la cirugía?

La reanudación de la conducción es un hito importante en la recuperación de la autonomía. Generalmente, los pacientes pueden volver a conducir de forma segura entre 4 y 6 semanas después de la operación.

Este plazo es orientativo y depende del tipo de intervención, de si la extremidad intervenida es la derecha y del tipo de vehículo (automático o manual). El requisito fundamental es haber recuperado un buen control muscular y no requerir el uso de analgésicos potentes que puedan afectar los reflejos. Siempre es necesario contar con la autorización del cirujano antes de volver a conducir.

¿Es posible evitar la cirugía si tengo artrosis de cadera?

Sí, en muchos casos, especialmente en fases iniciales o moderadas, es posible retrasar la cirugía durante muchos años, e incluso evitarla, mediante un manejo conservador adecuado.

La cirugía no es siempre inevitable. Un enfoque proactivo y bien gestionado desde el diagnóstico puede controlar los síntomas eficazmente, permitiendo mantener una excelente calidad de vida sin necesidad de una intervención quirúrgica.

Una combinación estratégica de fisioterapia para el fortalecimiento muscular, control del peso para reducir la carga articular, adaptación de la actividad física y el uso de infiltraciones en momentos puntuales puede ser suficiente. El objetivo principal de estas medidas es precisamente prolongar al máximo la vida útil de la articulación nativa.

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