Qué es una trocanteritis: causas, síntomas y tratamiento basado en la evidencia

Cuando un paciente acude a consulta refiriendo un dolor agudo en el lateral de la cadera, el término «trocanteritis» suele ser el primer diagnóstico que se plantea. Sin embargo, desde la perspectiva de la cirugía de cadera, esta etiqueta a menudo resulta insuficiente y no refleja la complejidad real de la patología.

Para comprender el origen de su dolor, es crucial ir más allá de un diagnóstico simplificado. La evidencia científica y los avances en diagnóstico por imagen han transformado nuestra comprensión de esta dolencia.

Entendiendo el síndrome doloroso del trocánter mayor: más allá de la "trocanteritis"

Históricamente, se atribuía este dolor a la bursitis, es decir, la inflamación de una bolsa sinovial (la bursa) que actúa como amortiguador entre el hueso del fémur (el trocánter mayor) y los tendones adyacentes.

Hoy, gracias a herramientas diagnósticas precisas como la ecografía y la resonancia magnética, sabemos que la inflamación de la bursa es, en la mayoría de los casos, una consecuencia y no la causa principal del problema.

El cambio de paradigma: de bursitis a tendinopatía glútea

La investigación actual ha identificado a los verdaderos protagonistas de este cuadro clínico: los tendones de los músculos glúteo medio y menor. Estos tendones anclan músculos fundamentales al hueso, y su función es crítica para estabilizar la pelvis durante la marcha.

El término clínicamente aceptado hoy en día es síndrome doloroso del trocánter mayor (SDTM). Este es más preciso porque engloba no solo la posible inflamación de la bursa, sino, y más importante, el proceso degenerativo, la irritación o incluso la rotura de los tendones glúteos. A esto se le denomina tendinopatía glútea.

Desde un punto de vista fisiopatológico, si la bursa se inflama, casi siempre lo hace como una reacción a un problema crónico en los tendones subyacentes. Por tanto, tratar únicamente la bursitis sería abordar el síntoma sin corregir la causa original.

¿Por qué es tan común este dolor?

Este síndrome presenta una incidencia notable y afecta de manera desproporcionada a ciertos grupos demográficos. Su prevalencia es hasta cuatro veces mayor en mujeres que en hombres, especialmente entre los 50 y 75 años.

Los estudios de imagen son concluyentes: mientras que la bursitis aislada solo explica un 20% de los casos, el 80% restante está directamente relacionado con algún tipo de daño estructural en los tendones glúteos. Si desea profundizar, puede leer más sobre la prevalencia y las causas de esta patología y su impacto clínico.

A continuación, una tabla resume los conceptos clave.

Resumen rápido del síndrome doloroso del trocánter mayor (SDTM)

Esta tabla sintetiza los aspectos fundamentales del SDTM para una comprensión basada en la evidencia científica actual.

Aspecto clave Descripción
Nombre correcto Síndrome doloroso del trocánter mayor (SDTM) o tendinopatía glútea.
Causa principal Desgaste o lesión (tendinopatía) de los tendones del glúteo medio y menor.
Bursitis trocantérea Generalmente es una consecuencia (secundaria) de la tendinopatía, no la causa inicial.
Población de riesgo Principalmente mujeres de mediana edad (50-75 años), con una incidencia hasta 4 veces superior a la de los hombres.
Síntoma clave Dolor localizado en la cara lateral de la cadera, que empeora al tumbarse sobre ese lado o al caminar.
Error común Considerarlo solo una "inflamación". El problema de fondo es degenerativo y estructural en el tendón.

Comprender que el dolor probablemente no se origina en una simple "bolsa inflamada", sino en un tendón sometido a sobrecarga y debilitamiento, es el primer paso para un abordaje terapéutico correcto. Esta distinción es fundamental porque el tratamiento debe centrarse en regenerar el tendón y fortalecer la musculatura asociada para lograr una recuperación duradera.

Anatomía de la cadera: ¿de dónde viene exactamente el dolor?

Para entender el origen de ese dolor punzante en el lateral de la cadera, debemos considerar la articulación como una compleja estructura biomecánica. El dolor no surge de forma espontánea, sino como resultado de una sobrecarga mecánica en tejidos específicos.

La pieza central en esta patología es el trocánter mayor, la prominencia ósea palpable en la parte superior y externa del muslo. Su función es servir como punto de anclaje principal para los tendones de dos músculos vitales para la deambulación: el glúteo medio y el glúteo menor.

El papel fundamental de los tendones glúteos

Estos dos músculos y sus tendones son los estabilizadores primarios de la pelvis. Durante la fase de apoyo monopodal de la marcha, se contraen para evitar la inclinación de la pelvis hacia el lado contrario, manteniendo así la estabilidad del tronco y la eficiencia del paso.

El problema se inicia cuando estos tendones son sometidos a una tensión excesiva o a una fricción constante contra la estructura ósea del trocánter. Con el tiempo, esta fricción repetida provoca un desgaste progresivo. Este proceso de irritación y degeneración del tendón es lo que se conoce como tendinopatía glútea, la verdadera causa del dolor en la gran mayoría de los casos.

Para amortiguar de forma natural este roce entre el tendón y el hueso, existen unas pequeñas bolsas sinoviales llenas de líquido llamadas bursas. Actúan como cojines protectores. Aunque a veces pueden inflamarse (bursitis), esta inflamación suele ser una consecuencia del problema tendinoso subyacente, y no la causa original del dolor.

El siguiente mapa conceptual ilustra cómo ha evolucionado la comprensión de esta patología: hemos pasado de culpar a la bursa a identificar al tendón como el origen del problema.

Como se puede observar, el enfoque diagnóstico ha experimentado un cambio radical. Hoy sabemos que el problema de fondo reside casi siempre en la salud del tendón.

Entender esta anatomía funcional es crucial. Un tratamiento efectivo no se centrará en calmar una bursa inflamada, sino en reducir la carga que soportan los tendones glúteos, fortalecerlos y corregir cualquier desequilibrio biomecánico que esté provocando esa fricción excesiva.

Al comprender que el dolor se origina por un mecanismo de sobrecarga, es más fácil entender por qué ciertas actividades o factores de riesgo, que veremos a continuación, pueden desencadenar o agravar los síntomas.

¿Qué hay detrás de su dolor? Causas y factores de riesgo

El síndrome doloroso del trocánter mayor rara vez aparece de forma aislada. Es la consecuencia de una serie de factores que, combinados, sobrecargan los tendones peritrocantéreos. Para comprender mejor su caso, podemos agrupar las causas en dos categorías principales.

Por un lado, los factores intrínsecos, relacionados con la anatomía y biología del individuo.

Por otro, los factores extrínsecos, que dependen de los hábitos, la actividad diaria y la biomecánica del movimiento.

Factores intrínsecos: cuando la anatomía influye

Ciertas características anatómicas o musculares predisponen al desarrollo de un síndrome doloroso del trocánter mayor. Aunque no podemos modificarlas, su conocimiento es clave para orientar la prevención y el tratamiento.

  • Morfología pélvica: Una pelvis ancha, más común en mujeres, incrementa el brazo de palanca de los músculos abductores, lo que aumenta la tensión compresiva de los tendones glúteos contra el trocánter mayor.
  • Dismetría de miembros inferiores: Una diferencia en la longitud de las piernas, incluso de pocos milímetros, altera la biomecánica de la marcha y puede generar una sobrecarga crónica en la cadera del lado más largo.
  • Debilidad muscular: Una insuficiencia de los músculos abductores, especialmente del glúteo medio, impide una correcta estabilización de la pelvis al caminar. El tendón debe soportar una tensión mayor para compensar, lo que conduce a su desgaste.
  • Otras patologías: Afecciones como la coxartrosis, la escoliosis lumbar o una hernia discal pueden alterar la postura y la cinemática de la marcha, generando una sobrecarga indirecta sobre los tendones glúteos.

Factores extrínsecos: factores mecánicos y de estilo de vida

Aquí entran en juego el estilo de vida y las actividades físicas. Son, a menudo, el desencadenante del dolor. A diferencia de los factores intrínsecos, estos son modificables.

El SDTM es la principal causa de dolor en la cara lateral de la cadera en personas mayores de 50 años, con una proporción mujer-hombre de 4 a 1. Esto se debe a una combinación de factores hormonales postmenopáusicos, la anatomía pélvica y una mayor prevalencia de sobrepeso. Si quiere profundizar, puede consultar la evidencia científica sobre esta patología.

  • Impactos repetidos: Actividades como correr o caminar largas distancias, especialmente en superficies duras o irregulares, generan microtraumatismos acumulativos que irritan los tendones.
  • Sobrepeso u obesidad: El exceso de peso corporal aumenta significativamente la carga compresiva sobre los tendones de la cadera en cada paso, acelerando su proceso degenerativo.
  • Cambios bruscos en la actividad: Iniciar un programa de entrenamiento intenso sin una adaptación progresiva, aumentar súbitamente el volumen o la intensidad de la actividad física es una causa frecuente de tendinopatía glútea aguda.

Identificar qué factor o, más probablemente, qué combinación de ellos está detrás de su dolor es el primer paso esencial. Solo así podremos diseñar un plan de tratamiento que no solo alivie los síntomas, sino que aborde la raíz del problema para prevenir su recurrencia.

Cómo reconocer los síntomas de una trocanteritis

Identificar correctamente los síntomas es el primer paso para buscar ayuda especializada y evitar la cronificación del dolor. Aunque la presentación puede variar, existen señales clínicas características del síndrome doloroso del trocánter mayor (SDTM).

El signo más evidente es un dolor muy localizado, a menudo a punta de dedo, en la cara externa de la cadera. Muchos pacientes lo señalan directamente sobre la protuberancia ósea del trocánter mayor.

Sin embargo, el dolor no siempre se limita a ese punto. Es frecuente que se irradie a lo largo de la banda lateral del muslo, pudiendo alcanzar en algunos casos la rodilla. Esta irradiación es un patrón típico de la tendinopatía de los músculos glúteos.

Hombre acostado en la cama con dolor de cadera, la zona afectada iluminada en rojo.

El dolor se delata con el movimiento

Una de las pistas más fiables es la naturaleza del dolor. Se trata de un dolor de tipo mecánico, lo que significa que se exacerba con la actividad y mejora con el reposo.

Las actividades cotidianas que suelen desencadenarlo son:

  • Caminar o correr: Especialmente tras un período de inactividad o en terrenos duros.
  • Subir y bajar escaleras: Este movimiento solicita directamente los tendones glúteos afectados.
  • Levantarse desde una posición sentada baja: El impulso activa de forma brusca la musculatura irritada.
  • Cruzar las piernas: Este gesto, aparentemente inofensivo, comprime los tendones contra el trocánter y puede provocar dolor.

Además, la postura es clave. Una de las quejas más comunes es el dolor nocturno, que aparece al acostarse en decúbito lateral sobre la cadera afectada. La presión del peso corporal sobre la zona inflamada puede ser tan intensa que interrumpe el sueño y obliga al paciente a cambiar de postura constantemente.

Si el dolor le despierta por la noche o le impide dormir sobre el lado afectado, es una señal clínica muy sugestiva de un SDTM y un motivo para consultar a un especialista.

¿Trocanteritis, artrosis o ciática? Aprendiendo a diferenciar

Es fundamental realizar un diagnóstico diferencial correcto para evitar tratamientos ineficaces. Confundir un SDTM con otras patologías es un error que puede retrasar la recuperación. Por ejemplo, el dolor de la artrosis de cadera (coxartrosis) suele localizarse en la ingle y puede irradiarse por la cara anterior del muslo. Por su parte, la radiculopatía lumbar (ciática) se origina en la región lumbar y se irradia por la cara posterior de la pierna, a veces hasta el pie.

Para una mayor claridad, la siguiente tabla resume las diferencias clave.

Diferencias clave entre el dolor de la trocanteritis y otras patologías

Esta tabla es una guía rápida para ayudar a diferenciar el origen de su dolor de cadera según su localización y comportamiento.

Característica del dolor Trocanteritis (SDTM) Artrosis de cadera Ciática lumbar
Localización principal Cara lateral y externa de la cadera (sobre el hueso). Profundo, en la zona de la ingle. En la zona lumbar baja y los glúteos.
Irradiación del dolor Por el lateral del muslo, a veces hasta la rodilla. Hacia la cara anterior del muslo y la rodilla. Por la parte posterior de la pierna, hasta el pie.
Peor momento/actividad Al tumbarse de lado, subir escaleras, caminar. Al iniciar el movimiento tras el reposo, dolor al caminar. Al estar sentado mucho tiempo, al toser o estornudar.
Alivio Mejora con el reposo y evitando la presión directa. Mejora con el reposo, aunque puede haber rigidez. Mejora al caminar o cambiar de postura.

Recuerde que esta tabla es orientativa. El diagnóstico definitivo siempre debe ser establecido por un profesional médico tras una evaluación completa.

Cómo llegamos al diagnóstico exacto en nuestra consulta

Un diagnóstico preciso es el fundamento de cualquier tratamiento eficaz. Nuestro proceso diagnóstico es metódico y se basa en la evidencia científica, comenzando con una anamnesis detallada.

Esta primera fase consiste en una entrevista clínica exhaustiva donde se analiza su historial médico, sus hábitos de vida y las características específicas de su dolor: cuándo comenzó, cómo se manifiesta, qué movimientos lo agravan y cómo afecta a su calidad de vida, especialmente al descanso nocturno.

La exploración física: la pieza clave para confirmar sospechas

Tras la anamnesis, se procede a la exploración física. En esta etapa, las hipótesis diagnósticas se confirman o descartan mediante maniobras específicas.

La palpación directa sobre el trocánter mayor permite identificar el punto de máxima sensibilidad. Además, se realizan pruebas de fuerza y resistencia de los músculos abductores de la cadera para evaluar su función y detectar posibles déficits que puedan ser la causa del problema.

Un diagnóstico preciso no depende de una única prueba. Es la suma de una historia clínica detallada, una exploración física experta y, solo si es necesario, el apoyo de estudios de imagen. La combinación de estos elementos nos proporciona un mapa completo de la patología.

Pruebas de imagen: viendo lo que el ojo no puede ver

Para obtener una visión detallada de los tendones y tejidos blandos, nos apoyamos en pruebas de imagen.

La ecografía musculoesquelética es la herramienta de elección en la mayoría de los casos. Permite una evaluación dinámica y en tiempo real de los tendones glúteos y la bursa, detectando con alta precisión la presencia de tendinopatía, roturas parciales o bursitis.

La resonancia magnética (RM) se reserva para casos más complejos o cuando la ecografía no es concluyente. Se solicita si se sospechan lesiones intraarticulares asociadas, como patología del labrum o una fractura por estrés. Este enfoque escalonado y basado en la evidencia nos permite diseñar un plan de tratamiento personalizado y eficaz.

Tratamientos efectivos: desde el enfoque conservador hasta la cirugía

El abordaje terapéutico del síndrome doloroso del trocánter mayor es progresivo. Siempre se inician las opciones menos invasivas, que resuelven la gran mayoría de los casos. Es importante destacar que un porcentaje muy bajo de pacientes requiere tratamiento quirúrgico.

El primer pilar es el tratamiento conservador, enfocado en la causa del problema. Esto implica una modificación temporal de las actividades que desencadenan el dolor —como suspender la carrera en superficies duras— y la aplicación de crioterapia local para reducir la inflamación aguda. Sin embargo, el componente fundamental de esta fase es un programa de fisioterapia bien estructurado.

La fisioterapia debe incluir ejercicios terapéuticos específicos diseñados para fortalecer la musculatura debilitada, principalmente el glúteo medio y menor. Estos se combinan con estiramientos controlados para liberar la tensión de estructuras como el tensor de la fascia lata.

Opciones de segunda línea para controlar el dolor

En casos de dolor intenso que impide la progresión en fisioterapia, se recurre a tratamientos de segunda línea. El objetivo es controlar la sintomatología aguda para poder continuar trabajando sobre la causa biomecánica.

Una de las herramientas más efectivas son las infiltraciones ecoguiadas con corticoides. El uso del ecógrafo permite administrar el antiinflamatorio con precisión milimétrica en el punto de máxima inflamación, logrando un alivio rápido del dolor y facilitando la rehabilitación.

Otra opción son las terapias biológicas, como el Plasma Rico en Plaquetas (PRP). Este tratamiento utiliza los factores de crecimiento del propio paciente para estimular la reparación y regeneración de los tendones dañados, ofreciendo una solución orientada a la curación del tejido a largo plazo.

El tratamiento del SDTM es un proceso activo. El éxito no depende de una única técnica, sino de la combinación de un diagnóstico preciso, un control eficaz del dolor y un compromiso firme del paciente con el programa de fortalecimiento muscular.

Según la literatura, el SDTM afecta a un 10-20% de la población entre 40 y 60 años, con una mayor prevalencia en mujeres. Con tratamientos conservadores, se observa una mejoría significativa en un plazo de 6 a 12 semanas. Las infiltraciones tienen una tasa de éxito del 70-90% en el alivio sintomático, aunque es fundamental continuar con el trabajo biomecánico para prevenir recurrencias. Si desea profundizar, puede conocer más sobre la evidencia de estos tratamientos y su efectividad.

¿Cuándo es necesaria la cirugía?

La cirugía es la última opción terapéutica. Se reserva para un porcentaje muy pequeño de casos crónicos que no han respondido a un tratamiento conservador bien pautado y mantenido durante un período de 6 a 12 meses.

La indicación quirúrgica se establece cuando, además de un dolor persistente e incapacitante, las pruebas de imagen confirman un daño estructural significativo, como una rotura completa de los tendones glúteos. Actualmente, estas intervenciones se realizan mediante técnicas de mínima invasión, como la artroscopia de cadera. A través de pequeñas incisiones, se pueden reparar los tendones y realizar una bursectomía, lo que facilita una recuperación más rápida y con menores molestias postoperatorias.

Preguntas frecuentes sobre la trocanteritis

A continuación, respondo a las dudas más comunes que surgen en la consulta sobre el síndrome doloroso del trocánter mayor, con respuestas claras y basadas en la evidencia científica.

¿La trocanteritis se cura o es para siempre?

La gran mayoría de los casos de SDTM se curan por completo con un diagnóstico certero y un tratamiento bien dirigido.

La cronificación suele ocurrir cuando no se aborda la causa raíz, que habitualmente es una debilidad de la musculatura glútea. El objetivo terapéutico no es solo eliminar el dolor agudo, sino fortalecer la zona para prevenir futuras recidivas.

¿Tengo que dejar de hacer deporte por completo?

En la fase aguda, es necesario un reposo relativo. Esto implica cesar temporalmente las actividades de impacto que provocan dolor, como correr.

Sin embargo, la inactividad total es contraproducente. Se pueden realizar ejercicios sin carga, como la natación o el ciclismo estático. Su especialista o fisioterapeuta le indicará la pauta para una reincorporación segura y progresiva a su actividad deportiva.

La clave no es la inmovilidad, sino la actividad adaptada. Detenerse por completo debilita aún más la musculatura, mientras que el movimiento controlado y sin dolor acelera la recuperación y protege de futuras recaídas.

¿Cuántas infiltraciones me pueden poner?

Las infiltraciones con corticoides son una herramienta muy eficaz para controlar un brote de dolor agudo, permitiendo que el paciente pueda realizar la fisioterapia de forma efectiva.

Como norma general, no se recomiendan más de dos o tres infiltraciones en la misma zona en el plazo de un año. Un uso excesivo podría, a largo plazo, tener efectos deletéreos sobre el tejido tendinoso.

¿Cuándo hay que pensar en operar?

La cirugía se reserva para un número muy limitado de casos. Se plantea en pacientes con dolor crónico e incapacitante que no ha respondido a un mínimo de 6 a 12 meses de tratamiento conservador bien ejecutado (fisioterapia, infiltraciones, etc.).

También se considera si las pruebas de imagen, como una resonancia magnética, demuestran una rotura de espesor completo de los tendones glúteos que requiera una reparación quirúrgica.


Si padece un dolor persistente en la cadera que afecta a su calidad de vida, un diagnóstico preciso es el primer paso hacia la solución. El Dr. Luis Ramírez Nuñez es especialista en patología de cadera y mi enfoque es siempre personalizado, buscando la solución más efectiva para cada caso basada en la evidencia científica. Pide cita para una valoración experta y recupera tu bienestar.

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