Guía completa sobre la tendinitis en el psoas y su tratamiento

Ese dolor profundo, a veces punzante, localizado en la región inguinal que aparece durante o después de la actividad física, o incluso al realizar gestos cotidianos como subir escaleras o levantarse de una silla, puede ser un signo de tendinitis del psoas. Esta condición, una irritación del tendón del psoas ilíaco, puede limitar significativamente la calidad de vida si no se aborda con un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Para comprender la causa del dolor y su solución, es necesario conocer la anatomía y función de la estructura implicada.

¿Qué es la tendinitis del psoas y por qué duele la ingle?

Representación 3D de la anatomía humana, mostrando el torso, cadera y músculos del psoas con un punto de dolor.

Para analizar el origen del dolor inguinal, debemos referirnos al músculo psoas ilíaco. No se trata de un único músculo, sino de un complejo funcional formado principalmente por el psoas mayor y el ilíaco, que convergen en un potente tendón común.

Este grupo muscular es uno de los flexores de cadera más importantes del cuerpo, responsable de movimientos fundamentales como caminar, correr o flexionar el tronco. Actúa como un conector biomecánico esencial entre la columna lumbar, la pelvis y el fémur, uniendo el tronco con las extremidades inferiores.

El tendón: una estructura bajo tensión constante

El tendón del psoas es una estructura de tejido conectivo denso, similar a una cuerda robusta, cuya función es transmitir la fuerza generada por el músculo al hueso para producir el movimiento. Cuando esta estructura se somete a una tensión excesiva y repetitiva, sus fibras pueden sufrir microtraumatismos.

Si la tasa de daño supera la capacidad de reparación del cuerpo, el tendón puede inflamarse y, con el tiempo, degenerar. Este proceso patológico es lo que se conoce como tendinitis del psoas (o, de forma más precisa, tendinopatía). El dolor en la ingle es la manifestación clínica de que esta estructura clave está sobrecargada y requiere atención.

La distinción entre tendinitis y tendinosis

Aunque a menudo se usan como sinónimos, es fundamental distinguir entre tendinitis y tendinosis, ya que el enfoque terapéutico es diferente.

  • Tendinitis: Se refiere a un proceso inflamatorio agudo del tendón, generalmente secundario a una lesión reciente o un sobreesfuerzo puntual. El tratamiento se enfoca en controlar la inflamación y el dolor.
  • Tendinosis: Describe un proceso degenerativo y crónico. En este escenario, el componente inflamatorio es mínimo o inexistente, y predomina un desgaste y una desorganización de las fibras de colágeno del tendón. El tratamiento se centra en la regeneración y el fortalecimiento del tejido dañado.

La mayoría de los casos de dolor crónico de psoas no son una simple inflamación, sino una tendinosis. Comprender esta diferencia es el primer paso para diseñar un plan de rehabilitación que aborde la causa real del problema: el deterioro del tejido.

Identificar si el dolor se encuentra en una fase aguda (tendinitis) o crónica (tendinosis) es vital. Mientras que un reposo relativo inicial puede ser beneficioso en una tendinitis, en una tendinosis el reposo prolongado es contraproducente. Lo que se necesita es un programa de ejercicios específicos y progresivos para estimular la reparación del tendón. Un diagnóstico preciso, por tanto, sienta las bases para una recuperación exitosa.

Factores que provocan la lesión del psoas

La tendinopatía del psoas rara vez aparece sin causa. Su origen suele estar en un desequilibrio entre la carga que soporta el tendón y su capacidad para tolerarla. Las causas pueden clasificarse en dos grandes grupos: la sobrecarga por exceso de actividad (sobreuso) y los desequilibrios biomecánicos, que obligan al psoas a trabajar de una forma ineficiente.

El tendón es una estructura con una gran capacidad para adaptarse a la tensión, pero si se sobrecarga de forma repetida sin el tiempo de recuperación adecuado, sus fibras sufren microlesiones. La acumulación de este daño microscópico conduce a los síntomas de una tendinopatía.

Sobrecarga por actividad: el detonante más frecuente

La causa más directa de una tendinopatía de psoas es el sobreuso. Movimientos repetitivos de flexión de cadera, especialmente si son explosivos o de alta intensidad, pueden fatigar el tendón hasta el punto de lesionarlo. Este escenario es habitual en perfiles específicos.

  • Deportistas: Actividades como el fútbol (gesto de chutar), el atletismo (sprints, carreras en pendiente), el ciclismo o la danza implican una contracción constante y potente del psoas.
  • Sedentarismo: Aunque pueda parecer paradójico, la inactividad prolongada también es un factor de riesgo. Pasar muchas horas sentado mantiene el psoas en una posición acortada y debilitada, lo que lo hace más vulnerable a lesionarse ante un esfuerzo repentino.

Los datos epidemiológicos lo confirman. En España, las lesiones del psoas-ilíaco representan entre el 2 % y el 5 % de todas las lesiones deportivas. Además del ámbito deportivo, las posturas mantenidas de conductores u oficinistas también son un factor de riesgo documentado. Para más información sobre su prevalencia, puede descubrir más detalles sobre las lesiones del psoas y su impacto en La Voz de Galicia.

Desequilibrios biomecánicos: la causa subyacente

En ocasiones, el psoas no se lesiona por trabajar en exceso, sino por hacerlo de forma incorrecta. Cuando otras estructuras de la cadera o la pelvis no cumplen adecuadamente su función, el psoas se ve obligado a compensar, asumiendo un rol para el que no está diseñado, lo que conduce a su sobrecarga.

Esta sobrecarga compensatoria es una causa frecuente de cronicidad. Si no se identifica y corrige, el dolor puede persistir a pesar de los tratamientos sintomáticos.

Biomecánicamente, la debilidad de un grupo muscular obliga a otros a trabajar en exceso. Por ejemplo, si los músculos glúteos son débiles, el psoas (su antagonista) puede activarse de forma anómala para intentar estabilizar la articulación, lo que conduce a una sobrecarga funcional y, eventualmente, a la lesión.

Ignorar las causas estructurales y funcionales es tratar el síntoma, no la enfermedad.

Problemas estructurales y debilidades musculares

Identificar estos desequilibrios es fundamental para un tratamiento eficaz. Un especialista debe realizar una evaluación biomecánica para detectar si alguno de estos factores contribuye al dolor.

Causas comunes de desequilibrio biomecánico:

  • Choque femoroacetabular (CFA): Se produce un contacto anormal entre la cabeza del fémur y el acetábulo. Este conflicto mecánico puede irritar directamente el tendón del psoas, que discurre por delante de la articulación.
  • Debilidad de la musculatura glútea: Los glúteos son los principales extensores y estabilizadores de la cadera. Su debilidad puede llevar a una sobreactivación compensatoria del psoas para estabilizar la pelvis.
  • Inestabilidad o displasia de cadera: Una articulación de cadera anatómicamente inestable obliga a la musculatura circundante, incluido el psoas, a un trabajo constante para mantener la congruencia articular.
  • Alteraciones de la alineación corporal: Problemas como una pisada pronadora, una inclinación pélvica anómala o una alteración de la curvatura lumbar pueden modificar la cadena cinética, provocando que el psoas soporte cargas asimétricas.

Identificando los síntomas y obteniendo un diagnóstico preciso

Reconocer a tiempo los síntomas de una tendinitis del psoas es clave para iniciar un tratamiento temprano y evitar la cronicidad. El dolor en la región inguinal puede deberse a múltiples causas, por lo que una correcta interpretación de los síntomas y una exploración clínica son fundamentales.

El síntoma principal es un dolor profundo y localizado en la cara anterior de la ingle. Los pacientes suelen describirlo como un dolor que "proviene del interior" de la cadera. Característicamente, se agudiza con actividades que implican la flexión de la cadera, como subir escaleras, levantarse de una silla o conducir.

Este mapa conceptual ilustra de forma simplificada los dos mecanismos lesionales principales: la sobrecarga por actividad y los desequilibrios biomecánicos.

La imagen subraya que el dolor no siempre deriva de un exceso de ejercicio, sino que también puede ser la manifestación de un movimiento corporal ineficiente.

Signos de alerta más allá del dolor

Además del dolor inguinal, existen otros signos clínicos que orientan hacia una afectación del psoas.

  • Chasquido audible en la cadera: Un síntoma frecuente es un resalte palpable o audible en la parte anterior de la cadera al mover la pierna. Se conoce como cadera en resorte interna (coxa saltans) y se produce por el roce del tendón del psoas sobre eminencias óseas subyacentes.
  • Dificultad para la extensión completa de la cadera: Dado que el psoas conecta la columna lumbar con el fémur, su acortamiento o irritación puede generar una tensión que dificulta o hace dolorosa la extensión completa de la cadera para alcanzar una postura erguida.
  • Irradiación del dolor: Aunque el epicentro se localiza en la ingle, el dolor puede irradiarse por la cara anterior del muslo o, en ocasiones, referirse a la zona lumbar.

El examen físico: la clave para un buen diagnóstico

Un diagnóstico preciso comienza con una anamnesis detallada y un examen físico minucioso. Se realizan maniobras específicas para reproducir y evaluar el dolor, confirmando así que el tendón del psoas es el origen del problema.

Durante la exploración, se palpa la región inguinal para localizar el punto de máximo dolor. Además, se realizan pruebas de resistencia, solicitando al paciente que flexione la cadera contra una fuerza externa, y tests de estiramiento para valorar la respuesta del tendón.

Descartando otras patologías: el diagnóstico diferencial

El dolor en la cara anterior de la cadera es un síntoma común a múltiples patologías. Por ello, una parte crucial del diagnóstico es el diagnóstico diferencial, es decir, el proceso de descartar sistemáticamente otras posibles causas.

Un diagnóstico preciso es esencial para aplicar el tratamiento correcto. Distinguir una tendinopatía de psoas de una lesión del labrum o una artrosis incipiente es fundamental para diseñar una terapia eficaz.

A continuación, se presenta una tabla comparativa que resume las diferencias clave entre las patologías más comunes que cursan con dolor inguinal anterior.

Diagnóstico diferencial del dolor inguinal anterior

Patología Síntomas Principales Signo Clínico Característico
Tendinopatía del psoas Dolor profundo en la ingle, a menudo con chasquido. Empeora con la flexión de cadera (subir escaleras). Dolor a la palpación del tendón y en la flexión resistida de la cadera.
Bursitis iliopectínea Dolor muy similar al de la tendinopatía, a veces con leve hinchazón local. Dolor agudo a la presión sobre la bursa, situada justo por debajo del tendón del psoas.
Lesión del labrum Dolor agudo y punzante, a menudo con bloqueo mecánico o sensación de "enganche" articular. Dolor reproducido con maniobras de rotación y flexión forzada de la cadera (test de FADIR).
Choque femoroacetabular Dolor inguinal que aparece con la flexión y rotación interna de la cadera, limitando el rango de movimiento. Limitación del rango de movimiento, especialmente en rotación interna con la cadera flexionada.
Artrosis de cadera Dolor sordo y progresivo, rigidez matutina y pérdida de movilidad global de la cadera. Dolor con la carga de peso y limitación del movimiento en varios planos.

Esta tabla es una guía orientativa; solo una exploración detallada por un especialista puede confirmar el diagnóstico.

El papel de las pruebas de imagen

Cuando el examen físico no es concluyente o existe la sospecha de lesiones asociadas, se recurre a pruebas de imagen para obtener una visión completa de la articulación.

La ecografía musculoesquelética es una herramienta de gran utilidad. Permite visualizar el tendón en tiempo real, evaluar su grosor, detectar signos de degeneración fibrilar o la presencia de líquido peritendinoso.

Por otro lado, la resonancia magnética (RM) ofrece una visión detallada de todas las estructuras de la cadera. Es la prueba de elección para descartar lesiones del labrum, patología ósea como el choque femoroacetabular o signos de artrosis. La combinación de una exploración clínica rigurosa y estas pruebas de imagen permite diseñar un plan de tratamiento personalizado y eficaz.

Tratamientos conservadores para aliviar el dolor de psoas

Ante un diagnóstico de tendinopatía de psoas, la primera línea de tratamiento es, en la mayoría de los casos, un enfoque conservador. El objetivo es doble: controlar los síntomas y, fundamentalmente, crear las condiciones necesarias para que el tendón dañado pueda repararse. La estrategia se basa en la modificación de la actividad, la terapia física especializada y, en casos seleccionados, intervenciones para modular el dolor y la inflamación.

Contrariamente a la creencia popular, el tratamiento no implica un reposo absoluto. La inactividad total puede ser contraproducente, ya que conduce a la atrofia muscular y a la rigidez articular, dificultando la recuperación.

El concepto de reposo activo

El reposo activo es un pilar del tratamiento. No consiste en la inmovilización, sino en una modificación inteligente de las actividades para evitar la irritación del tendón.

El principio es identificar y eliminar temporalmente los movimientos que desencadenan el dolor, como correr en pendiente, los entrenamientos de velocidad o los ejercicios de flexión de cadera de alta intensidad. Simultáneamente, se mantienen actividades de bajo impacto —como caminar en terreno llano o nadar— para preservar la movilidad y el flujo sanguíneo, factores cruciales para la reparación tisular. Este enfoque permite que el tendón se recupere sin que el resto del sistema musculoesquelético se descondicione.

El papel central de la fisioterapia

La fisioterapia es el pilar sobre el que se construye una recuperación sólida y duradera. Un fisioterapeuta cualificado no solo tratará el síntoma (el dolor), sino que buscará y corregirá la causa subyacente del problema, ya sea un desequilibrio muscular, un patrón de movimiento ineficiente o una falta de estabilidad pélvica.

Un programa de fisioterapia para la tendinitis del psoas suele integrar varias técnicas:

  • Terapia manual: Mediante movilizaciones específicas y técnicas de tejido blando, se busca reducir la tensión en el psoas ilíaco y en otras estructuras relacionadas, como la musculatura lumbar o glútea.
  • Punción seca: Esta técnica utiliza agujas de acupuntura para desactivar puntos gatillo miofasciales en el psoas y otros músculos implicados, ayudando a reducir el dolor y a restaurar la función muscular normal.
  • Programa de ejercicio terapéutico: Esta es la parte más importante. Se diseña un plan progresivo que, inicialmente, se enfoca en activar y fortalecer los músculos estabilizadores, especialmente los glúteos y el core. Posteriormente, se introduce una carga gradual sobre el tendón del psoas para estimular la remodelación del colágeno y aumentar su resistencia.

El objetivo final de la fisioterapia no es solo aliviar el dolor, sino reeducar el control motor. Se trata de enseñar al cuerpo a moverse de una forma más eficiente para que el psoas deje de estar sobrecargado.

Infiltraciones: una herramienta para romper el ciclo de dolor

En algunos casos, el dolor es tan intenso que impide iniciar un programa de rehabilitación. En estas situaciones, las infiltraciones ecoguiadas son una herramienta muy valiosa. Al inyectar una sustancia directamente en la zona afectada bajo control ecográfico, se puede modular el ciclo de dolor-inflamación, creando una "ventana terapéutica" que permite al paciente progresar con la fisioterapia.

Existen distintos tipos de infiltraciones, y la elección depende del estado del tendón y del objetivo terapéutico.

Opciones de tratamiento mediante infiltración:

  1. Corticoides: Son potentes antiinflamatorios utilizados para controlar un dolor agudo y reducir la inflamación, especialmente si hay una bursitis asociada. Proporcionan un alivio rápido, pero no reparan el tejido dañado.
  2. Plasma Rico en Plaquetas (PRP): Se enmarca dentro de la medicina regenerativa. Se extrae una muestra de sangre del propio paciente, se centrifuga para concentrar las plaquetas (ricas en factores de crecimiento) y se inyecta en el tendón para estimular sus mecanismos naturales de reparación.
  3. Viscosuplementación con Ácido Hialurónico: Consiste en inyectar ácido hialurónico para mejorar las propiedades viscoelásticas del tejido y facilitar el deslizamiento del tendón, reduciendo la fricción que causa dolor, especialmente en casos de cadera en resorte.

La eficacia de estas técnicas está documentada. Por ejemplo, en pacientes con prótesis de cadera que desarrollan tendinopatía de psoas, las infiltraciones ecoguiadas con corticoides logran una mejoría clínica en el 63% de los casos. De ellos, un 23,3% se recupera completamente y un 40% obtiene un alivio parcial. Sin embargo, un 36,7% no experimenta mejoría, lo que subraya la necesidad de considerar otras opciones terapéuticas. Puede consultar el estudio completo del Congreso SERAM sobre infiltraciones del psoas.

El éxito radica en un enfoque personalizado que combine estas herramientas de forma estratégica.

¿Cuándo se considera la cirugía para una tendinitis del psoas?

La gran mayoría de las tendinitis del psoas responden favorablemente al tratamiento conservador. Sin embargo, existe un pequeño porcentaje de pacientes en los que el dolor se vuelve crónico e incapacitante, sin responder a la fisioterapia, los ejercicios o las infiltraciones.

En estos casos, cuando se han agotado las opciones no invasivas sin obtener una mejoría significativa, la cirugía se convierte en una solución a considerar. No es una decisión que se tome a la ligera; el objetivo es restaurar la función y la calidad de vida.

Criterios para plantear una cirugía del psoas

La indicación quirúrgica se establece fundamentalmente en dos escenarios. El primero es la persistencia de un dolor incapacitante que no ha mejorado tras un mínimo de seis meses de tratamiento conservador bien dirigido.

El segundo, y a menudo el más determinante, es la presencia de una causa mecánica subyacente que provoca una irritación continua del tendón.

  • Choque femoroacetabular (CFA): Si existe un conflicto de espacio en la articulación que causa un pinzamiento repetido del tendón, la cirugía es necesaria no solo para liberar el tendón, sino también para corregir la deformidad ósea que origina el problema.
  • Conflicto con una prótesis de cadera: En pacientes portadores de una prótesis, el componente acetabular puede estar posicionado de tal forma que cause un roce directo con el tendón del psoas. En estos casos, la liberación del tendón es la solución más efectiva.
  • Cadera en resorte interna dolorosa: Si el resalte audible y palpable de la cadera se vuelve doloroso y no responde a la fisioterapia, la liberación quirúrgica del tendón puede eliminar el conflicto mecánico y el dolor asociado.

La cirugía no es el punto de partida, pero sí es una opción definitiva cuando el dolor crónico tiene una causa estructural que el tratamiento conservador no puede resolver. Permite abordar la raíz del problema.

La solución: tenotomía del psoas por artroscopia

El procedimiento quirúrgico que se realiza es la tenotomía del psoas. Consiste en realizar una sección controlada del tendón para liberarlo, eliminando así la tensión y el roce que generan el dolor.

La función de flexión de la cadera se ve mínimamente afectada, ya que otros músculos flexores, como el recto femoral, compensan esta función. La pérdida de fuerza resultante suele ser imperceptible en las actividades de la vida diaria.

Actualmente, esta intervención se realiza mediante artroscopia de cadera, una técnica mínimamente invasiva.

¿Por qué la artroscopia es la mejor opción?

En lugar de una gran incisión, se realizan dos o tres pequeños portales de menos de un centímetro. A través de ellos, se introduce una óptica y el instrumental quirúrgico de precisión para trabajar dentro de la articulación con una visión directa y un control milimétrico.

Las ventajas son significativas:

  1. Mínima agresión: Se respetan los músculos y tejidos blandos circundantes, lo que se traduce en menos dolor postoperatorio.
  2. Recuperación más rápida: El postoperatorio es más confortable y permite iniciar la rehabilitación de forma precoz.
  3. Menores riesgos: Las tasas de complicaciones, como la infección, son considerablemente más bajas que en la cirugía abierta.
  4. Diagnóstico y tratamiento simultáneos: La artroscopia permite una visualización completa de la articulación. Si se identifican otras lesiones, como una rotura del labrum o el propio choque femoroacetabular, pueden ser tratadas en el mismo acto quirúrgico.

Comprender cuándo y por qué la cirugía es una opción válida permite al paciente participar activamente en la toma de decisiones junto a su especialista.

Cómo rehabilitar y prevenir la tendinitis de psoas

Mujer en el gimnasio usando una banda de resistencia y máquina de cable para fortalecer las piernas y glúteos.

Superar una tendinitis de psoas es un objetivo importante, pero la verdadera victoria es prevenir su recurrencia. La rehabilitación no termina con la desaparición del dolor; ese es el punto de partida para construir una cadera más fuerte y funcional.

El proceso incluye una rehabilitación progresiva y una estrategia de prevención a largo plazo. El objetivo es reeducar el patrón de movimiento para que el psoas trabaje en sinergia con el resto de la musculatura, evitando una sobrecarga que pueda reactivar la lesión.

Plan de rehabilitación progresivo

Una recuperación exitosa requiere respetar los tiempos biológicos de reparación del tendón. El programa debe ser progresivo, comenzando con ejercicios de movilidad y avanzando gradualmente hacia el fortalecimiento específico y funcional.

  • Fase 1. Movilidad y activación: El primer paso es activar la musculatura estabilizadora que puede estar inhibida por el dolor, como el core y los glúteos. Se combinan con estiramientos controlados para restaurar la flexibilidad del psoas.

  • Fase 2. Fortalecimiento específico: Una vez que los estabilizadores cumplen su función, se introduce carga controlada y progresiva sobre el tendón para estimular la remodelación de sus fibras de colágeno y aumentar su capacidad de carga.

  • Fase 3. Integración funcional: En la última etapa, se integran los patrones de movimiento aprendidos en gestos más complejos y específicos del deporte o de las actividades diarias del paciente. Es un reentrenamiento neuromuscular global.

Una rehabilitación exitosa se basa en la progresión controlada. Es preferible avanzar lentamente y construir una base sólida que acelerar el proceso y arriesgarse a una recaída por no haber corregido los desequilibrios biomecánicos.

Claves para la prevención a largo plazo

La prevención consiste en incorporar hábitos que modifiquen los factores de riesgo que originaron la lesión. La tendinopatía de psoas está ligada tanto a deportes de impacto como, de forma creciente, al sedentarismo. Es frecuente en profesionales que pasan muchas horas sentados, como conductores o administrativos. Para más información sobre esta asociación, puede explorar más sobre esta relación en Fisioterapia Online.

Para proteger la cadera y evitar futuras lesiones, es recomendable centrarse en tres pilares:

  • Calentamiento adecuado: Antes de cualquier actividad física, es fundamental preparar el cuerpo con ejercicios de movilidad articular de cadera y activación de glúteos.
  • Ergonomía y pausas activas: En trabajos sedentarios, es importante mantener una postura correcta y realizar pausas cada hora para caminar y estirar. Esto evita el acortamiento y debilitamiento mantenido del psoas.
  • Rutina de mantenimiento: Incorporar de forma regular ejercicios de fortalecimiento del core y los glúteos. Una musculatura estabilizadora fuerte reduce la carga sobre el psoas y lo protege.

Adoptar estas estrategias permite mantener una cadera funcional y libre de dolor a largo plazo.

Preguntas frecuentes sobre la tendinitis del psoas

A continuación, se abordan algunas de las dudas más habituales que los pacientes plantean en consulta sobre la tendinitis del psoas, con el objetivo de proporcionar información clara y basada en la evidencia.

¿Cuánto tiempo tarda en curarse una tendinitis del psoas?

El tiempo de recuperación varía según cada caso. Una lesión aguda, tratada adecuadamente desde el inicio, puede mejorar significativamente en 3 a 6 semanas con un tratamiento conservador bien estructurado.

En el caso de una tendinopatía crónica, con cambios degenerativos en el tendón, el proceso es más largo y puede requerir varios meses de rehabilitación constante. La adherencia al plan terapéutico es fundamental.

Una infiltración no es una solución definitiva por sí sola. Es una herramienta potente para controlar el dolor agudo y crear una "ventana de oportunidad" para progresar con la fisioterapia. Rara vez resuelve la lesión si no se corrigen los desequilibrios biomecánicos subyacentes. Debe considerarse como parte de un plan integral.

¿Es bueno caminar si tengo esta lesión?

Generalmente, sí. Caminar suavemente en terreno llano es una actividad de bajo impacto que ayuda a mantener la movilidad articular y a promover el flujo sanguíneo en la zona sin sobrecargar el tendón.

Lo que se debe evitar son las pendientes, subir y bajar escaleras de forma repetitiva o caminar a un ritmo que genere dolor. La regla fundamental es escuchar al cuerpo y moverse siempre dentro de un rango que no provoque molestias.


En el equipo del Dr. Luis Ramírez Nuñez, entendemos que cada patología de cadera requiere un diagnóstico preciso y un tratamiento personalizado. Si busca una solución para su dolor y desea recuperar su calidad de vida, le invito a solicitar una cita para evaluar su caso en profundidad.

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